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Veto a tres periodistas

Las relaciones entre los dirigentes del Tenerife y los medios de comunicación no eran precisamente fluidas en la temporada 79-80. El equipo dirigido por Olimpio Romero, que militaba en Segunda División B, peleaba por las dos plazas de ascenso con Baracaldo, Atlético Madrileño, Leonesa y Langreo, pero los conflictos eran constantes. Y tanto dentro, como fuera del terreno de juego. Así, los impagos se sucedían y rara era la semana en la que no había algún plante en un entrenamiento o algún amago de encierro. Y las filtraciones –siempre interesadas– eran habituales. Se hizo habitual que informadores por un lado y directivos por otro se enteraran de todo lo que se debatía en el vestuario.

En estos casos ocurre que, muchas veces, la versión que daban a conocer los periodistas no era del agrado de los dirigentes; y especialmente, no era del agrado del presidente José López Gómez. En el mes de febrero ya había trascendido el registro que la Guardia Civil había realizado en un hotel de Ponferrada en busca de material de contrabando. Y en marzo, tras informar de un plante de los jugadores en una sesión de entrenamiento, se le prohibió viajar con el equipo a Manuel Negrín (Radio Juventud de Canarias), al que se acusó en rueda de prensa de “engañar a sus oyentes” y se le invitó a que “de ahora en adelante, viaje en taxi y no en el autocar con los expedicionarios”, como era costumbre hasta entonces.

Además, también de manera pública, se acusó a Carlos Luis Chevilly (Diario de Avisos) de “mentiroso” por dar cuenta de un pacto previo de los directivos con Román y Domínguez, “los pelotillas del presidente”, para evitar un encierro de la plantilla. Días después, en una conferencia de prensa “convocada a bombo y platillo” por López Gómez, cinco informadores abandonaron la reunión tras un cruce de acusaciones e insultos. Fueron Juan Hernández, Manuel Negrín, José Jesús Pérez, Xuancar y Enrique Roca. Y todo ello, después de que el secretario del club, Guillermo La Serna, insultara a un reportero y que el propio presidente amenazara con declarar “persona non grata” a algunos periodistas.

A la semana siguiente era Álvaro Castañeda (Radio Popular y El Día) quien caía en desgracia por denunciar trato de favor a un medio. Aunque la gota que colmó el vaso fue la publicación de una pelea entre Paco Brito y Julio Durán durante un entrenamiento, así como de una reunión secreta en el vestuario en la que se vetó la presencia de Lolín. Al día siguiente, 28 de marzo de 1980, cuando se disponían a informar del último entrenamiento del Tenerife previo al decisivo choque ante la Cultural Leonesa, sesión preparatoria abierta a los medios de comunicación y a los socios de la entidad, el conserje del Heliodoro informaba que tenían prohibido acceder a la instalación Chevilly, Castañeda y Negrín.

Y este último, que además era el yerno del entrenador, tampoco podía entrar en su condición de socio del club.

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