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Tribuna Alta: 'Triple reflexión', por Manoj Daswani

Uno. Presiento que Joseba Etxeberria no continuará en el Tenerife porque el club ha seguido el mismo modus operandi que con otros técnicos a quienes convenía debilitar. Si algunos que ya no están abriesen la boca... El caso es que desde hace algunos días se están revelando de forma sesgada (a través de cierta prensa afín) algunos detalles sobre la personalidad, inquietudes e intenciones del vasco, con el afán de dejar entrever que su salida conviene.

En algunas tertulias he escuchado calificar como "una locura de entrenador" que Etxeberria quiera instalar en El Mundialito las instalaciones necesarias para que los jugadores desayunen allí antes de entrenar y almuercen al salir. Son interioridades contadas de manera absolutamente interesada a determinados periodistas para que parezca que Joseba está loco. Que por cierto, con diferencia es el más cuerdo de todos.

Dos. Me cuenta un empleado del club que lo van a tener difícil si finalmente los que mandan en la parcela deportiva (Concepción, Serrano y Sesé, por este orden) determinan que salga Joseba y entre otro. Porque los números del actual entrenador son de 'playoff', la plantilla le ha explicitado a través de los medios de comunicación un respaldo muy explícito y su discurso -repleto de coherencia- ha calado definitivamente en la inmensa mayoría de la afición. O sea, que muy fino ha de filar la secretaría técnica para que el recambio (si lo hay) sea un primer espada.

Tres. La idea de bautizar con el nombre de Rommel una de las gradas del Heliodoro supone un indiscutible acto de justicia. Valdrá para que las nuevas generaciones tengan que preguntar a sus progenitores quién era el panameño. Esto es, para que su recuerdo se mantenga vivo, por los siglos de los siglos. Ahora bien, en determinados altos cargos del club la idea no gusta. Primero: porque figuraba en el plan electoral de Pier; y segundo: porque el plan no partió de ellos, sino que se retomó en antena en un programa reciente de la SER. En casos como éste, da exactamente igual la autoría del proyecto y sí importa el fin. Rommel es una leyenda, un ejemplo, una figura imprescindible en la historia del Tenerife.

Cuando los argumentos para descalificar el plan son tan peregrinos como insuficientes (¿entonces por qué no una grada Amaral?, se pregunta algún atrevido) es que otra vez más queda patente que los actuales dirigentes y su entorno más próximo viven instalados en el permanente afán de revancha, el rencor y la inquina. Y es una pena.

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