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Tribuna Alta; ‘Las palancas del cambio’, por Manoj Daswani

No es el Tenerife el mismo a finales de enero que el de principios de septiembre. La versión actual ilusiona; la de antes, llamaba al desánimo. Y nos preguntamos por qué, cuáles son las claves, dónde están los ingredientes para que el equipo haya variado tanto el sabor que nos deja cada fin de semana.

Mi particular visión de la transformación blanquiazul conduce a dos nombres propios que en el Tenerife de estos tiempos tienen una importancia trascendental. El primero es José Luis Martí, la figura esencial en lo que atañe a todo lo que ocurre sobre el campo de juego; y el segundo es Víctor Pérez Borrego, director general, que ha traído cordura y sentido común a la actividad -incesante- en los despachos y oficinas.

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Víctor Pérez Borrego, Director General del CD Tenerife. | @Jacfotografo

Martí garantiza solvencia, equilibrio, coherencia en la toma de decisiones. Ante una plantilla donde están siendo titulares solo tres (Amath, Aarón y Camille) de los nueve refuerzos de verano y a la que ya le faltan dos de los que se trajeron entonces (Álex y Crosas), es descomunal el trabajo que ha hecho el entrenador para exprimir la calidad de lo que sí le vale.

El entrenador ha construido un plantel al que resulta casi imposible ganarle (una derrota en 13 partidos), al que casi no le hacen goles (tres veces seguidas con el portal a cero) y que cotiza al alza (ha pasado de las catacumbas de la clasificación a la quinta plaza). Así se ha ganado el representativo la etiqueta de aspirante. Ya le temen, ya le tienen en cuenta. Y de puertas para dentro también impone. Hasta el punto de que ya en verano vetó uno de los fichajes que le propuso Serrano y, ahora también, su criterio y sentido común han valido para que la remodelación invernal augure resultados mejores que en otras ocasiones.

Casi tan importante como Martí me parece el trabajo de Pérez Borrego. No podía permitirse por más tiempo que una marca tan potente como la del CD Tenerife estuviese tan desaprovechada. Y lo que es peor, resultase antipática a los ojos de los propios isleños. Algo ha cambiado cuando el club va donde le requieren, abarata el acceso al Heliodoro para hacerse un equipo más cercano, toma determinaciones aplaudidas por la inmensa mayoría y ejerce desde el sentido común. Hasta que llegó Borrego, el menos común de los sentidos.

La nueva dirección general ha pintado de color un club que en muchos departamentos trabajaba en blanco y negro. Poco a poco va asomando la modernidad en un Tenerife que la necesitaba. Y que ahora, a través de esta conjunción de coherencia en campo y despachos, recupera la ilusión que tanto le hacía falta. Si el trabajo de los que mandan transmite entusiasmo, como así está siendo, es que el representativo va por el camino correcto.

2 Comentarios
  • Manuel José Muñoz Calero
    Publicado el 15:24h, 04 febrero Responder

    A por los banyos y las cantinas don Víctor.

  • ADOLFO
    Publicado el 12:26h, 08 febrero Responder

    Muy fácil, se trataba tan solo de aportar un poco de EMPATÍA, algo imposible si el responsable del aporte es Juan Amador. Así de sencillo.

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