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Manoj DaswaniManoj Daswani

Situación de alerta

Miguel Concepción y Alfonso Serrano pincharon este proyecto ellos solitos y lo condenaron al fracaso con una de las decisiones más estrepitosas que se les recuerdan. Prescindieron de Joseba Etxeberria aún no se sabe bien por qué. Lo hicieron en la jornada cinco, apenas unos meses después de haberle renovado su confianza y al cabo de uno de los partidos más convincentes de esta temporada (aunque se perdiera 0-1 con el Reus, cuando el equipo hizo un fútbol tan vertical y vertiginoso como no se ha visto después). Todos sospechamos que fue por su afán reformista, porque este club es alérgico a los cambios y sus altos cargos prefieren vivir en blanco y negro.

De aquellos vientos vienen estas tempestades. El Tenerife y especialmente quienes copan las primeras filas de su organigrama dirigente han cometido pecados de trazo grueso, impropios de quienes llevan en sus cargos de alta responsabilidad hasta 13 años consecutivos. "Pero también los bancos llevan en la iglesia toda la vida y aún no han aprendido a dar misa", me respondió la semana pasada alguien que estuvo en el club y ya no está.

Desde fuera se perciben con nitidez cuáles han sido las equivocaciones mayúsculas de Concepción y Serrano. Éste último ya no está, pero es responsable del estropicio de temporada casi tanto como el presidente. Él fue partícipe de decisiones tan extrañas como prescindir de Juan Villar en contra del criterio de su entrenador; del despido de Joseba contra toda recomendación y del extraño riesgo de haber dejado huérfanas algunas demarcaciones capitales. Ahora está de moda culpar a Moreno, que apenas ha tenido tiempo a pestañear, pero el conquense solo ha podido hacer tanto como le dejó el mercado de enero. Y bastante hizo.

El caso es que el Tenerife ha sido una espiral de equivocaciones durante todo el año. Y así me lo reconocen incluso desde dentro. El peligro es que se lo lleve la corriente. Incapaz de ganar a domicilio en toda la temporada y ramplón en casa, donde han volado demasiados puntos, vivir solo de la épica y las remontadas resulta tan arriesgado como jugar a la ruleta rusa. Entre el sábado y el domingo se dio una ecuación casi diabólica: ganó el Extremadura, casi lo hace el Lugo contra el líder y se dispara el Majadahonda, al que hay que contabilizar aún los puntos del Reus.

El fiasco del representativo es de dimensiones casi catastróficas. Tanto, que si no fuese por el descenso administrativo del colista, ahora probablemente estaría en el fango. El largo silencio de sus dirigentes (lo romperá este lunes Víctor Moreno) ha alimentado las especulaciones y disparado la zozobra. Pero el problema del Tenerife es el Tenerife: que no le gana a nadie. Sus dígitos invitan a la desesperanza. Estaría bien que alguien activase las alarmas. Aunque solo sea para hacernos ver -a todos- que ya estamos en situación de alerta.

LA_TARTERIA

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