Manoj DaswaniManoj Daswani
Miguel Concepción, presidente del CD Tenerife / @ivangg_tfe

Sin temor a equivocarme

Sigo en las últimas horas con suma atención el curso de los acontecimientos en el Deportivo de La Coruña, histórico del fútbol nacional que ha sufrido una auténtica catarsis en apenas unos días. La monumental pitada del domingo en Riazor hizo volar por los aires a la tarde siguiente a todo el consejo de administración, con su presidente (que no propietario) a la cabeza. Se dieron cuenta de su propia incompetencia, dijeron basta -de hacer el ridículo- y se fueron todos.

Algo semejante ocurría en el Tenerife hace ahora 13 años. Los pitos de apenas unos pocos miles de espectadores tras una derrota con el Ferrol agotaron los ánimos de Víctor Pérez Ascanio, cuyos consejeros se pusieron en fila en la sala de prensa del Rodríguez López para dimitir juntos en una noche histórica.

El viraje del Dépor nos hace preguntarnos si algo semejante podría darse en este Tenerife de tonos grises, donde la mayoría absoluta de las temporadas de Concepción han ofrecido proyectos deportivos erráticos, algunos de ellos con forma de estruendosos fracasos. Y no. Claro que no es probable que el actual mandatario dimita. En 13 años ha demostrado una fuerza de hierro, que por cierto hay que agradecerle en los peores y más convulsos tiempos de su (demasiado) larga presidencia. Si se hubiese echado a un costado en los años de la Segunda B, muchos habríamos convenido en que habría sido un cobarde.

Ahora bien, me pregunto si Concepción -tan proclive a cuestionar a todos sus subordinados, sin excepción- ha pensado en algún momento que el problema del Tenerife es él. Es decir, si son perjudiciales para la salud del club su estilo y su gestión, su silencio cómplice en los momentos espinosos y su indescifrable tendencia a prescindir de los que hacen su trabajo "muy bien", como así calificó el propio presidente la labor que durante su etapa en la institución hicieron -por orden cronológico- Quique Medina, Víctor Pérez Borrego o Joseba Etxeberria, por poner solo unos pocos ejemplos.

Mientras aún mantiene en el cargo a quienes ponen al servicio del club su acreditada mediocridad, Concepción condena a la institución a esta larga etapa gris a la que el Tenerife vive anclado sin remedio. No estoy pidiendo que despida con cajas destempladas a Juan Amador y Javi Armas; o que se marche él mismo de forma repentina y desordenada. Pero estaría bien que el presidente hiciera esta reflexión que le propongo y se plantease si no nos iría mejor con otros dirigentes. O sea, con otro estilo. La temporada en curso (un cúmulo de despropósitos) ha retratado definitivamente su falta de reflejos, su liderazgo nulo y su gobierno ramplón. Lo manifiesto hoy como ayer, sin temor a equivocarme: el Tenerife necesita nuevo presidente.

CAJA_SIETE

TAMBIÉN EN ELDORSAL.COM

ATLÁNTICOHOY
No existen comentarios

Publicar un comentario