Vista del Heliodoro, lleno hasta la bandera / ACAN

Quemado en su propio ‘infierno’

“Bienvenidos al Infierno”. Ése fue el eslogan que presidió el Tenerife-Atlético de Madrid jugado el 8 de abril de 2001 ante más de 23.000 espectadores en el Heliodoro, en lo que, a falta de cifras oficiales, pasa por ser la mayor afluencia registrada jamás en el recinto de la calle San Sebastián. Esa mañana de domingo, bajo un intenso calor y con las cámaras de Canal + en directo, el Tenerife fabricó un infierno y se quemó en su propio fuego. En un tiempo en que el marketing apenas había entrado en el mundo del fútbol, dos anuncios llamaron la atención durante el verano de 2000.

Así, tras su descenso a Segunda División, la agencia de publicidad Sra. Rushmore creó para el Atlético de Madrid un spot inolvidable, titulado “Un añito en el infierno” y con Kiko Narváez como protagonista. En Tenerife, después de tres años de decepciones, entre los que también se incluyó un descenso de categoría, la agencia Codex ideó el lema “Este equipo promete” y un vídeo en el que, en primeros planos de rostros serios y sudorosos, futbolistas como Hugo Morales o Barata, entre otros, prometían “luchar”, “trabajar”, “respetar” y “sudar esta camiseta”.

Avanzada la liga, el Tenerife se consolidaba en la zona de ascenso mientras al Atlético de Madrid le costaba adaptarse a la categoría. Su enfrentamiento en el Heliodoro, a falta de diez jornadas, podía ser decisivo para que el grupo de Rafa Benítez aniquilara las esperanzas colchoneras. Con ocho puntos de ventaja sobre el Atleti, quinto clasificado, podía adquirir una ventaja casi insalvable de once en una competición que daba tres plazas de ascenso directo. Javier Pérez quiso calentar el ambiente y Codex lo hizo con otro anuncio de gran impacto: “Bienvenidos al infierno”.

Sobre las llamas, un Hugo Morales con los ojos fosforescentes pedía al público que acudiera al Estadio. Y un público habitualmente frío hizo caso a su llamamiento. Y es que, a lo largo del curso, pese a los buenos resultados, el Heliodoro rara vez pasaba de la media entrada. Pero esa mañana se agotaron las localidades y un gigantesco mosaico blanquiazul saludó la entrada al campo de un Tenerife que jugó con: Aragoneses; Curro Torres, David Charcos (Hidalgo, 77’), Lussenhoff, Basavilbaso; Dani, Torrado, Martí, Luis García; Mista (Hugo Morales, 78’) y Pier (Simutenkov, 57’).

El equipo se contagió de la ansiedad de la grada y salió pasado de vueltas. A los seis minutos ya perdía. Y a los trece tenía un jugador menos: Torrado se autoexpulsó con tarjeta roja directa tras una entrada por detrás a un rival en una acción intrascendente en mediocampo. Con el público ofuscado, el conjunto blanquiazul se fue del partido. Y sólo regresó tras el descanso. Con uno menos, logró empatar a veinte minutos del final gracias a un penalti que se inventó Mista y transformó Luis García. La igualada dejaba al Atleti a ocho puntos y con el average perdido.

El Tenerife había ganado en el Calderón en la primera vuelta. Y ese 'detalle' y la clasificación convertían el empate en un buen resultado. Pero nadie supo leer el partido. Cuatro minutos después, Hibic marcó el 1-2 definitivo a la salida de un córner. Y el Tenerife terminó por quemarse en su propio infierno.

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