El primer tanto de la SD Huesca al CD Tenerife, la crónica de un gol anunciado

TEXTO | Alejandro Luis Rolo

Sábado 18 de octubre, Huesca. El reloj del Alcoraz marcaba las 16:00 horas (horario peninsular). El colegiado de la contienda entendía que debía empezar el choque, y así fue. Pizarro Gómez hizo sonar el silbato y, a la milésima de segundo, el cuero echaba a andar. Empezaba, así, la crónica de un gol anunciado en otro 'martes 13' para el CD Tenerife.

Lo que parecía un encuentro diferente, distinto a lo que el conjunto blanquiazul acostumbra fuera de su feudo, terminó resultando más de lo mismo, en su tónica habitual. Tras media hora de juego de poder a poder, entre alternativas y ocasiones, llegó una transición ofensiva y vertical del equipo local, la SD Huesca, que trastocó y alteró el desarrollo de un partido que no pintaba nada mal para los intereses de Jose Luis Martí.

Melero, punto de unión entre el medio y el ataque, recibió el cuero en el ecuador del terreno de juego sin apenas oposición. El capitán del club oscense divisó un horizonte de posibles pases claros entre líneas, dado que los centrocampistas blanquiazules perdieron la espalda, y seleccionó un receptor. Como se ve en la siguientes imágenes, el esférico circuló y traspasó el carril central con demasiada facilidad. Tanto fue así que el balón llegó hasta el borde del área, pasando por las botas de Chimy Ávila y Sastre, sin ser interceptado, ni despejado. Sastre, incluso, controló, orientó y envió la pelota hacia el costado derecho para la incorporación de Akapo sin intimidación visitante. La endeblez defensiva es un hecho tan evidente como preocupante.

El balón, después de una triangulación de pases entre líneas en la zona central del terreno de juego, llegó a los pies del lateral derecho local, Akapo, que envió un centro que deambuló el área sin éxito hasta la banda opuesta, dónde un hábil e inteligente David Ferreiro recogió el esférico. El extremo del cuadro local sacó su repertorio de amagues ante un Luis Pérez que intentó pararlo. En la enésima amenaza de enviar el balón al área, llegaría el centro a las proximidades del punto de penalti. Ahí esperaba la cabeza de Melero. Solo, sin marca alguna, sin resistencia. El ímpetu de Juan Villar de intentar detener al jugador oscense, no valía. Mientras los jugadores visitantes resguardaban el área pequeña, el madrileño se incorporaba desde la segunda línea para cabecear a placer. El mismo que empezó la jugada, terminó finalizándola. Su capacidad para generar, distribuir y determinar el envite está fuera de duda. Así como la cara y la sensación que transmite defensivamente el equipo que dirige Jose Luis Martí cuando le toca visitar, y no al ser visitado.

Esto no deja de ser una jugada, pero refleja a la perfección las carencias del CD Tenerife, al menos, lejos del Heliodoro Rodríguez López. Mucho ha de evolucionar la película para que cada 15 días, aproximadamente, no se repita la misma escena, el mismo capítulo cíclico. Mucho ha de corregir el mismo equipo que destacaba por sus guarismos defensivos en el curso pasado. No deja de ser contraproducente que, a pesar de conceder un escaso número de ocasiones por partido (un 25%), el equipo no se identifique por su firmeza o brío. Quizás ahí esté el quid de la cuestión: en buscar la convicción en el sistema, en la disposición táctica, en las ocasiones y en los resultados; en encontrar la contundencia en las dos áreas. Quién sabe, quizás este hecho sea un lunar en otra crónica, pero la de un ascenso.

No existen comentarios

Publicar un comentario