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Manoj DaswaniManoj Daswani

Pedro Rodríguez: la bendita excepción

Tuve una primera y vaga referencia de un futbolista llamado Pedro y que jugaba en el Barcelona cuando Vitolo me pidió ayuda para la organización de su primer torneo benéfico. Entonces era un triangular, se disputaba en La Orotava y el más mediático de los canarios de azulgrana respondía al nombre de Jeffren.

Tras volver a la Ciudad Condal y cumplir con su generosa participación en el torneo de Vitolo durante sus vacaciones navideñas, el de Abades se puso al teléfono cuando le llamé un domingo por la tarde desde la redacción de 'La Opinión'. Me contó que las entrevistas a los canteranos del Barça estaban absolutamente restringidas, pero me aseguró que haría lo posible por concederme al menos una. Les soy sincero: descolgué creyendo que ya no tendría más noticias de la joven promesa del equipo culé, que por entonces despuntaba en sus filiales y se asomaba a los planes del primer equipo, que ya dirigía Pep Guardiola. Me equivoqué.

El contacto con Pedro siguió desde la mañana siguiente, desde entonces hasta hoy con la fluidez y la naturalidad de siempre. El responsable de la agenda de cada uno de los jugadores del Barça (Sergi Nogueras) contactó conmigo y me dijo que el propio futbolista le había dado la indicación de que me tratase bien. Por teléfono tuvimos Pedro y yo nuestra primera entrevista; y a los pocos meses una más, la primera en persona.

Pedrito me citó en una cafetería de Abades y me contó cuál había sido su historia de idilio con el balón, la influencia de su hermano Jonathan y también cuál fue el entorno donde se crio. Que de pequeño tan solo tenía dos alternativas, ir a la playa que teníamos frente a los ojos o acudir al 'poli', a jugar. Y él optó por la segunda. El futbolista del que entonces empezaba a hablarse con frecuencia por sus incursiones en las alineaciones del Barça había llegado a la cita conmigo unos minutos tarde, se había excusado porque la noche anterior había salido con sus amigos de siempre y no puso objeciones a una conversación larga, intensa y sobre todo futbolera. Se le abría la sonrisa de par en par cuando hablábamos de aquel equipo que haría historia, con PR17 -así lo bautizó mi colega Edu Polo- como protagonista principal. Era y es un futbolista rotundo, goleador superlativo, compañero ejemplar.

Pedro me contó con todo tipo de pormenores y anécdotas cómo había sido su difícil adaptación, las complicaciones de sus ásperos inicios en la casa culé y la importancia de Guardiola, que abortó su cesión a un equipo andaluz cuyo nombre no recuerdo (¿el Portuense?). Como tantos canarios que nos vamos a estudiar y formarnos fuera, estuvo a punto de regresar. Pero le pudo la fuerza de su sueño. Su aspiración y su vocación de futbolista grande.

Tiempo después tuve noticias suyas a propósito de aquel eficiente empleado del área de Prensa del Barça. Tan solo un rato después de que el isleño se convirtiera en el primer futbolista de la historia en marcar un gol en todas las competiciones -hizo diana en el Mundialito de Clubes-, supe que quería que su primera entrevista tras la hazaña fuese con aquel periodista tinerfeño que le entrevistó en un bar de Abades con vistas a la playa. Entonces supe de su infinita generosidad y de su cuidado del detalle, como aquel día que me llamaron de 'La Ventana' de la SER para hablar de su trayectoria y él estaba escuchando la radio. "Por cómo me has puesto, me debo como mínimo una camiseta", me escribió. Pero mis palabras eran sinceras. Y a Pedro, del que no recibí una camiseta pero sí otros muchos detalles, solo puedo estarle agradecido.

Eran los tiempos que a Pedrito se le paraba a cada esquina por las calles de Santa Cruz. Todos le querían y le veneraban. Como si su éxito fuese de todos, él compartía su tiempo con todo aquel que le reclamaba una foto, un autógrafo o una confidencia. "Gracias, máquina", respondía a sus entusiastas seguidores, que eran legión. Entre ellos Sergio Rodríguez, a quien hice coincidir con el futbolista del Barça y la selección justamente en una playa de Abades. Fui testigo del momento que se conocieron y se dieron sus claves de la Blackberry, pero es que el tiempo corre tan deprisa como quedan desfasados los teléfonos móviles y sus respectivos historiales. Entonces apenas la mitad de grandes que ahora, pues los años pasan y ellos (campeones de todo) siguen ganando.

Esta semana me he alegrado como el que más del último golazo de Pedro con el Chelsea. Su éxito de Baku disipa tragos amargos que afortunadamente se quedaron atrás. Era injusto que se le recordase por siempre por unas declaraciones mal entendidas. Mejor que quede Pdro para la posteridad como el hombre oportuno que siempre está donde se le requiere, el goleador de las finales, el futbolista de Abades que no se arruga en las grandes ocasiones y que ofrece siempre su mejor versión en los días grandes. Orgullo de Tenerife y orgullo de los que le sentimos tan nuestro como su acento, su forma de ser y su generosidad sin límites. Aquí, uno de Pedro por y para siempre. Su humildad representa un estilo de futbolista que está en las antípodas de lo que se lleva en estos días de ruido, confusión y Twitter. Él es una bendita excepción.

LA_TARTERIA

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1 Comentario
  • alevazmach
    Publicado el 15:10h, 02 junio Responder

    Sí, sí que es una excepción, el único jugador español que festejó el triunfo en el mundial con la bandera independentista de su comunidad autónoma (no era el día) y encima dos años después diciendo que para ir de suplente no iba a la selección (le dieron la oportunidad de rectificar y se ratificó). Puede que sea un grandísimo futbolista, puede que sea una grandisima persona pero luces las justas

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