Pedrada invisible a Ravelo

CORAZON_DE_ESCAMAS

El aficionado del Tenerife vivía una tarde plácida el 5 de marzo de 1972 en el Heliodoro. Apoyado en su enorme solidez como local, el grupo que dirigía Héctor Núñez ya había enderezado su mal inicio liguero y estaba asentado en la ‘zona tranquila’ de la clasificación en la que era la temporada de su regreso a Segunda División. Además, aquel domingo se imponía (3-0) al Jerez Deportivo, penúltimo clasificado de la categoría, lo que le permitía sumar su novena victoria seguida en la Isla y situarse noveno en la clasificación.

Cabrera (7’), Juanito (24’) y Esteban (48’) habían marcado los goles de un choque que ya se había convertido en trámite, cuando un futbolista del conjunto andaluz cayó fulminado junto a la antigua grada de Gol. Se trataba de José Ravelo Rodríguez (La Laguna, 1944), interior ofensivo convertido en trotamundos. Al acercarse al caído, compañeros y árbitro observaron una brecha en su cabeza de la que manaba sangre y, a pocos metros, una piedra de considerables dimensiones. No era necesario ser Sherlock Holmes para adivinar lo sucedido.

Tras ser atendido, Ravelo pudo finalizar el partido con un espectacular vendaje en su cabeza. Y acabado el choque, el colegiado extremeño Augusto Lamo Castillo –que sería internacional y una década después pitaría en el Mundial 82– llamó a Ravelo a su caseta para que aclarara los hechos. Advertido de que el Heliodoro estaba apercibido de cierre por incidentes anteriores, el futbolista no quiso ratificar que su corte en la cabeza se debía a una pedrada lanzada desde la grada de Gol. “No recuerdo lo que pasó. Quizás pudo ser un choque”, se limitó a decir entre evasivas.

Y pese a la insistencia del colegiado, a Ravelo le pudo su condición de tinerfeño. Y eso que tenía argumentos de sobra para estar dolido con el Tenerife. Formado en el Arenas y en el viejo campo del Charcón, el interior de la Finca España militó luego en el Estrella antes de emigrar a Venezuela con 18 años para jugar allí durante dos cursos en el Canarias. Obtuvo la doble nacionalidad y con la selección ‘vinotinto’ disputó contra Perú y Uruguay la fase de clasificación para el Mundial de Inglaterra. De regreso, el Tenerife no le reclamó. 

Fichado por el Córdoba, entonces en Primera División, debutó en la élite con 21 años y completó un curso notable con los verdiblancos al firmar 18 partidos y dos goles en un equipo que acabó undécimo. Eso sí, regresó a su isla natal…. para cumplir el servicio militar y, entonces sí, jugar su única temporada como blanquiazul. Una lesión le mantuvo inactivo tres meses, pero tuvo tiempo de brillar, al disputar 19 partidos oficiales como blanquiazul y marcar tres tantos. Tras cumplir con la patria, regresó al Córdoba y estuvo dos temporadas más en la élite.

Entonces fichó por el Jerez Deportivo, con el que jugó nueve años y se convirtió en símbolo, recibiendo un cariñoso homenaje en 2010, cuando Xerez y Tenerife se enfrentaron en Primera División. Eso sí, jamás olvidó sus orígenes y nunca dejó de querer al Tenerife. Ni siquiera tras recibir un ‘tonicazo’ en la cabeza.

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