Ocho veces no es casualidad

El Tenerife-Mallorca dejó malas noticias futbolisticas, pero también una certeza: este equipo no se rinde. En la mayoría de los partidos exhibe muchos nervios, poco fútbol y menos gol, pero también ofrece una resistencia a la derrota que resulta conmovedora. Los datos son concluyentes: en lo que va de campeonato, el grupo que ahora dirige Oltra ha puntuado en ocho encuentros que tenía 'perdidos'.

Y eso no es casualidad; es una seña de identidad. Este texto tendría que ofrecer una perspectiva personal del Tenerife-Mallorca. Y narrar el justo castigo que recibió el rival por su mezquindad y sus pérdidas de tiempo, dilucidar si lo que le ocurrió a Dani en el 0-2 fue un resbalón (ésa es mi opinión) o un error grotesco, determinar si Coniglio da más pena que risa o más risa que pena, enjuiciar la nula puntería de los puntas locales... pero prefiero detenerme en la enésima
prueba de fe de este grupo.

Porque la realidad dice que el Tenerife ha rescatado diez puntos en 'partidos perdidos'. Y lo ha hecho en todos los ambientes y de todas las maneras. Ante Nastic, Almería, Zaragoza y Las Palmas lo hizo como visitante y empatando (1-1) choques en los que no se atisbaba como próxima la opción de puntuar.

Dos cabezazos salvadores de Aveldaño y Acosta, un tiro lejano de Malbasic y un penalti convertido por Suso permitieron no perder esos encuentros. En el Heliodoro también ha habido milagros. Y asimismo, héroes diversos y facturas distintas. Un cabezazo de Jorge permitió sumar (2-2) ante el Depor, mientras que un slalom de Joao evitó la derrota contra el Granada (1-1); y el viernes, ya se sabe, la gesta frente al Mallorca (2-2) llegó tras un disparo afortunado de Tyronne.

Y la remontada consumada ante el Alcorcón (3-2) la firmaron Milla con una falta directa y Naranjo empujando un balón. Son datos, en definitiva, que abonan la idea de resistencia colectiva. Si los nueve goles postreros los han materializado nueve jugadores distintos, hay que concluir que los 'milagros' blanquiazules no dependen de un futbolista en estado de gracia, sino que son fruto de la fe colectiva. No está Messi, pero sí hay una resistencia a la derrota grabada en el ADN del Tenerife 18-19. Lo repetimos: ocho veces no es casualidad, sino una seña de identidad.

Esta circunstancia también invita a una doble reflexión. Por una parte, alimenta el optimismo, pues un equipo con esa capacidad para puntuar en situaciones extremas no es fácil que descienda de categoría. Por otra parte, estremece tan solo el hecho de pensar dónde estaría el Tenerife con diez puntos menos. O lo que es lo mismo, dónde estaría si no hubiera tenido fe para no rendirse... y la fortuna de encontrar premio en situaciones extremas. ¿Hacemos las cuentas? 28-10=18. Ahora, recuperados del susto, valoremos la actitud de este Tenerife.

No tiene gol, durante muchos minutos no encuentra el fútbol, comete errores puntuales impropios de jugadores profesionales, ha ofrecido rendimientos individuales muy decepcionantes y su plantilla está mal remendada y aún peor confeccionada. Pero sigue vivo. Y no está dispuesto a rendirse. Y ofrece lo mejor cuando otros renunciarían a intentarlo.

O lo que es lo mismo, existen mil razones para estar enfadado con jugadores, técnicos y dirigentes. Y para exigirles responsabilidades (y hasta algo más). Y a cambio, apenas hay un mínimo motivo, esa resistencia a la derrota, para querer a este Tenerife y sentirse orgulloso de ser blanquiazul. Y no me lo explico, pero a mí me sigue emocionando.

No existen comentarios

Publicar un comentario