Álvaro TortúÁlvaro Tortú
El estadio Heliodoro Rodríguez López | @jacfotografo

Mientras dure la soledad del Heliodoro Rodríguez López

Un compañero uruguayo que entiende un poco de fútbol me descubrió una frase del reconocido escritor y compatriota charrúa Eduardo Galeano sobre los estadios de fútbol. Concretamente se hizo referencia al Estadio Centenario de Montevideo, una construcción mitológica donde descansa la historia y el corazón de todo el fútbol celeste: "¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio de la cancha y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío”.

A lo largo de estos días el fútbol ha pasado a un obvio segundo plano principalmente por respeto a las miles de víctimas y contagiados. En la soledad e integridad de los hogares los aficionados por el balón, en los que me incluyo, intentamos desconectar del bombardeo mediático firmado por el coronavirus. Y esto es necesario a la vez que inquietante.

Esta pandemia no es ninguna broma y debemos de ser consciente, pero el fútbol es esa salida optimista y capaz de reverdecer las horas del día. Pero el balón también nos necesita porque no puede haber juego sin los aficionados y sin su lenguaje de graderío que corea, canta, llora y se expresa dependiendo de la inclinación del juego.

Y es que no hay nada más vacío que un estadio de fútbol, nada más vacío que el Heliodoro Rodríguez López vacío en un partido del CD Tenerife. Un encuentro que, a día de hoy, jugamos todos desde nuestras casas.

Sin tambores, ni puros, ni vocabulario, ni identidad, ni frescura, ni viveza... El templo blanquiazul sin sus creyentes en el interior desmorona cualquier fe. No hay nada más vació que una butaca vacía y más si son las nuestras, las de casa, las de toda la vida... Si somos responsables y consecuentes, volveremos más pronto y más fuertes.

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