Luis PadillaLuis Padilla
Lance del choque entre CD Tenerife y Sporting / @jacfotografo

Marchando una de tópicos

CAJA_SIETE

Ya lo dijo Luis Aragonés: “hay que ganar, ganar y volver a ganar”. El Tenerife 18-19 le ha dado una pequeña vuelta al discurso: “toca sufrir, sufrir y volver a sufrir”. Y tocará porque el partido de este viernes ante el Sporting fue una exposición de todas las razones que han llevado al equipo blanquiazul a coquetear con el descenso. La principal, su falta de gol. Y ya nos recuerda otro tópico que “el que perdona, lo acaba pagando”. Y como el grupo de Oltra también carece de contundencia en el área propia, pues lo acabó pagando.

Ya se sabe que “al fútbol se juega en el centro del campo y se gana en las áreas”. Pues eso: el Tenerife jugó mejor… y el Sporting ganó. Y lo hizo a balón parado, para exhibir otro capítulo estrella del catálogo de defectos mostrado por el Tenerife 18-19. Porque más allá de que Djurdjevic rematara con la cabeza, el hombro o el brazo, algo que nadie advirtió en el Heliodoro, lo cierto es que la acción mostró una falta de agresividad defensiva blanquiazul que resulta preocupante en su globalidad y recriminable en el caso de Mauro Dos Santos.

Porque hay que recordar que el defensa argentino, que es el que queda retratado en el gol del Sporting, estaba llamado a dotar del “necesario carácter” a una zaga blandita. Y de momento no ha aprobado esa asignatura. Después de la mejora mostrada en Albacete, la actuación de Dos Santos ante el Sporting es un paso atrás en su valoración. Y alimenta dudas de cara al futuro, pues también fue Luis Aragonés quién dijo aquello de que “las ligas se deciden en las diez últimas jornadas”. Y el Tenerife ha entrado en ese territorio con pocas certezas.

“Nos han ganado, pero me cuesta explicar los motivos de este resultado”, resumió Oltra tras la derrota ante el Sporting. En estas situaciones, cuando era incapaz de explicar lo inexplicable, Vujadín Boskov recurría a su “fútbol es fútbol”, un tópico que hizo fortuna entre la prensa y los aficionados. Eso sí, en un mundo tan propenso al tópico como el del fútbol, no se ha definido una obviedad que dé la clave para tener éxito en una categoría tan singular como la Segunda División. Y un repaso al pasado, propio o ajeno, tampoco ayuda.

Así, la historia nos recuerda que a Primera División han ascendido equipos de todo tipo y en las circunstancias más variadas: clubes con todas las obligaciones o sin ninguna presión, con plantillas plagadas de veteranos curtidos o de jóvenes ilusionados, con el talento como seña de identidad o con la lucha como signo distintivo, con una catarata de goles a favor [como el Tenerife de Oltra en 2009] o cerrando la portería propia [como el Tenerife de Benítez], con vestuarios que eran una familia o con grupos que tenían un trato exclusivamente profesional…

Así que en este mundo tan dado a los tópicos, propongo llenar este hueco vacío con una obviedad de fabricación propia: “la única forma de subir a Primera División… es jugar en Segunda División”. Vale, no me van a dar el Nobel por este descubrimiento, pero lo digo a modo de recordatorio. Por si alguien tiene la tentación de pensar que la permanencia ya está asegurada.

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