Luis PadillaLuis Padilla
Borja Lasso realiza un pase en el CD Tenerife - Osasuna / @jacfotografo

Lo imposible (y lo inexplicable)

CAJA_SIETE

El Tenerife-Osasuna sólo se puede analizar desde los tópicos. Y en concreto, desde los que menos explican: “el fútbol es así”, “fútbol es fútbol”… Es la única manera de contar por qué el grupo de Oltra remontó un 0-2 adverso ante un líder solvente que se daba un paseo por el Heliodoro. Y que es verdad que se dejó ir un poco, pero no dejó de buscar el 0-3 y no dio sensación de exceso de confianza.

Además, el Tenerife remontó ese 0-2 sin necesidad de hacer un fútbol soberbio. Un milagro para un equipo sin gol, con escaso fútbol y que había pagado la ausencia de los que posiblemente son sus dos mejores jugadores: Jorge y Racic. Entonces, ¿qué ocurrió? Pues un prodigio de esos que uno atribuiría a lo sobrenatural si no fuera porque ha visto ya muchos; y habitualmente, con el Heliodoro como escenario.

Malbasic cede a Isma López para anotar el 2-2 / @jacfotografo

 

Y aclaramos, tampoco hubo un arranque de raza o acciones mágicas. El Tenerife no se rindió porque este equipo jamás se rinde, se metió en el partido por un error ajeno [gol en propia puerta] y le dio la vuelta con dos conducciones a trompicones del jugador más discutido del curso, culminadas por un futbolista que antes había dejado muchas dudas y que apareció por un sitio que no le correspondía a su condición de lateral zurdo.

Eso sí, este triunfo tan difícil de explicar deja algunas conclusiones: el equipo y el entrenador han estado esta semana por encima del club, que ofreció silencio en una situación que exigía acción. Y aunque el futuro es imposible de adivinar, la victoria también deja la sensación de que no es un punto de inflexión. La historia recuerda que pasó lo mismo ante el entonces líder Alcorcón… y que no fue un apoyo para despegar.

Porque los problemas se mantienen: el Tenerife, cuando juega ordenado, es un equipo correcto pero plano en el área rival y frágil en la propia: no tiene gol y comete errores que le penalizan en exceso. En esta situación, la tentación es jugar a la ruleta rusa, a matar o morir… Pero ésa es una solución que sólo se puede manejar en situaciones de máxima urgencia y siempre que el rival acepte el intercambio de golpes.

O sea, que lo mejor que puede hacer el aficionado blanquiazul es disfrutar de una remontada épica (de una más) y prepararse para volver a la realidad: la versión de visitante, ante un Albacete sólido y advertido de que un partido académico le viene mejor que un partido loco. Eso sí, el aficionado blanquiazul también puede tomar nota de todo lo que ha pasado durante esta semana dentro y fuera del club.

Y de como, por omisiones o insinuaciones, se le ha faltado el respeto a alguien que no se lo merece, José Luis Oltra.  

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