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La visita del Wien de Austria

A mediados de los treinta ya eran muchos los equipos que habían visitado la Isla para enfrentarse al Tenerife. Primero lo hicieron en el viejo campo de la calle Miraflores y luego en el moderno Stadium de la calle San Sebastián y que hoy es el Heliodoro. Por ahí habían pasado, entre otros, el Real Vigo antes de transformarse en el Celta, el Betis Balompié, el Sevilla, el Español de Barcelona, el Cádiz, un Madrid sin el título de Real (vino durante la II República Española), el Donostia (nombre adoptado por la Real Sociedad también durante la República), el imbatible Athletic de Bilbao, el Atlético  Madrid de Ángel Arocha y hasta los 'pross' británicos, con el irrepetible Everton que lideraba el mítico Dixie Dean.

Sin embargo, pocas veces se generó tanta expectación y se mostró tanto cariño en el muelle de Santa Cruz como el 24 de diciembre de 1934 con la llegada del FC Wien, base de la selección austriaca que meses antes había alcanzado las semifinales del Campeonato del Mundo. La expectación la justificaba la enorme calidad del rival; y el cariño, el cruel destino que había tenido Austria en el citado Mundial de Italia 34, cuando en el apogeo de la dictadura de Benito Mussolini se topó con el anfitrión en las semifinales. El destino estaba escrito: arbitraje adverso y 1-0 en contra. No ganaron, pero conquistaron el cariño de la afición española, pues 'La Roja' había sufrido días antes, en cuartos de final, un atraco similar ante Italia.

La junta directiva del CD Tenerife, liderada por Pelayo López, Heliodoro Rodríguez y su eterno secretario general, José Díaz Prieto, logró como regalo navideño la presencia del Wien, que llegó con sus principales figuras. Entre ellas sobresalía el interior zurdo Hans Horvath, que aún hoy es el tercer máximo realizador de la selección austriaca (tras Anton Polster y Hans Krankl), con 29 goles en 46 partidos. Y que durante más de un lustro formó una pareja irrepetible en el eje del ataque de la selección austriaca con Mathhias Sindelar. Recibidos con vítores, los austriacos jugaron cuatro amistosos ante el Tenerife con un balance de tres victorias de los centroeuropeos y una goleada favorable a los isleños, ya en el choque de despedida.

En este último encuentro, celebrado el día de Reyes de 1935, los blanquiazules alinearon a: Fernández; Matroyo, Ruperto; Arencibia, Morera, Cubas; Quique, Nieto, Chicote, Semán y Luzbel. Y aunque al descanso se llegó sin goles, en la segunda parte Chicote, Morera, Nieto y de nuevo Chicote establecieron un histórico 4-0. En los tres choques previos, dos de ellos jugados los días de Navidad y Año Nuevo, cuando el respeto a las fiestas aún se conjugaba con el fútbol, ganaron los austriacos en partidos calcados: se adelantaban los locales (dos veces con goles de Chicote y una con un tanto de Arencibia) y remontaba el Wien hasta establecer el 1-2 final. Y luego se dedicaban a asombrar al público con su prodigiosa técnica en el pase.

La ocupación nazi y la II Guerra Mundial acabaron con aquella escuela futbolística. Y casi acaba con su fútbol.

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