La ‘revolución’ de invierno
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La ‘revolución’ de invierno

20 de enero de 2004

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Mediada la competición, el Tenerife 03/04 iba camino de Segunda División B. A algún brillante estratega se le había ocurrido el verano anterior prescindir de ‘paquetes’ como José Luis Martí, Veljko Paunovic o Ayoze Díaz… además de Sergio Aragoneses, Dani o Alexis Suárez, entre otros. “Vamos a apostar por la cantera”, se dijo entonces. Bueno, también se apostó por jugadores con ‘futuro’ como Djukic (37 años cumplidos), Ismael o Martín Posse, amén de estrellas ‘contrastadas’ como el portugués Andrade o el brasileño Rogerinho.

A pesar de las caóticas decisiones tomadas desde la directiva, el equipo se mantuvo invicto durante las primeras ocho jornadas, aunque sólo en un partido logró marcar más de un gol. David Amaral fue capaz de sacar petróleo de jóvenes como Vitolo, Aarón Darias, Airam o Cristo Marrero… y desde el club se planteó el ascenso a Primera División como “principal objetivo”. Así, a canteranos sin experiencia en la categoría, se les añadía una presión exagerada. Y el cóctel empezó a dar resultados perversos: el Tenerife dejó de ganar y aparecieron los nervios, las urgencias y las dudas.

Tras cinco empates seguidos en la Liga, llegaron las derrotas. Aquellos que mezclaron cantera con la obligación de ascender no se responsabilizaron de lo que ocurría y encontraron pronto un culpable: el entrenador. Así que David Amaral fue despedido y se le buscó sustituto. Como no se encontró, no quedó más remedio que dejar en el cargo a Martín Marrero. Pero el Tenerife seguía sin funcionar y llegó a encadenar trece encuentros sin ganar ¡y siete sin marcar un gol! Avanzada la segunda vuelta era antepenúltimo y estaba a cuatro puntos de la permanencia.

Entonces se recurrió al mercado de invierno. Por suerte, de los fichajes no se encargó el secretario técnico, Francisco ‘Lobo’ Carrasco, sino el recién nombrado segundo entrenador, José Antonio ‘Tigre’ Barrios. No se preocupen por los apodos, porque no eran esas entonces las mayores animaladas que se hacían en el club. Con poco dinero, mucha imaginación, buenas relaciones personales con los secretarios técnicos de determinados clubes y algunos contactos en Sudamérica, Barrios se puso a trabajar. Y el 20 de enero de 2004 cerró el fichaje de Manolo Sánchez, del Celta.

Poco después se firmó a Raúl Martín. Y sin haber pasado una semana llegó por la Isla el brasileño César Belli. Dos días más tarde, el FC Barcelona accedía a la cesión del guardameta alemán Robert Enke. Y el último día hábil, antes de que se cerrara el plazo de contrataciones, se lograba el compromiso del argentino César La Paglia. Sólo falló la contratación de David Belenguer, contratación de la que se ocupó el secretario técnico y que se frustró después de que Carrasco considerara innecesario desplazarse hasta Madrid para cerrar en persona el acuerdo.

Con nuevos mimbres (y con la colaboración inestimable de Corona, Vitolo, Jesús Vázquez, Antonio Hidalgo o Keko), Martín Marrero construyó un nuevo equipo. Y el mismo Tenerife que había permanecido más de tres meses sin ganar logró encadenar once jornadas sin perder y ascender hasta la octava plaza final. De paso, derrotó 2-0 a la UD Las Palmas en el clásico regional y la mando a Segunda División B, un destino que, antes de la revolución de invierno, parecía adjudicado al Tenerife.

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