Luis PadillaLuis Padilla
Lance del encuentro de ida disputado en Almendralejo / ACAN

La ley de Murphy

La tostada siempre cae del lado de la mantequilla, la otra cola siempre va más rápida, si sales con paraguas nunca llueve, las cosas que has perdido sólo aparecen cuando ya no las buscas, la puerta siempre se cierra sola cuando has dejado las llaves dentro... Las leyes de Murphy son infinitas y se resumen en un principio básico: “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Eso sí, con un corolario: “todo lo que va mal es susceptible de empeorar”. El Tenerife 18-19 es víctima de sus propios errores, que no han sido pocos, pero también ha entrado en una 'dinámica Murphy'. Y el partido ante el Extremadura es un ejemplo.

El grupo de Oltra cometió errores y no fue brillante, pero no mereció perder. El gol es un síntoma de la teoría formulada por Murphy. Y si algo podía salir mal, salió mal. La acción llega tras una pérdida en apariencia intrascendente de Undabarrena y una falta lejana y lateral de Jorge que no ofrece sensación de peligro inminente por la que, además, el defensa tinerfeño recibe una tarjeta que luego tendría consecuencias muy graves. Y en el tanto hay una mezcla de acierto de Kike Márquez en la ejecución con dos errores menores combinados –de Nano en la intercepción y, sobre todo, de Dani en la colocación– que se traducen en el gol.

¿Se puede hablar de errores gravísimos de valor gol? Para nada... pero todos esos pequeños fallos, mezclados con el buen lanzamiento de Márquez, hacen que el Extremadura se adelante y que el Tenerife deba nadar contracorriente. Y lo hace. Lo hace con once y lo hace con diez tras una pérdida de balón de Jorge y una falta inocente que se puede saldar sin tarjeta... pero que es difícilmente recurrible, por lo que el defensa más solvente que tiene ahora el Tenerife no jugará el derbi ante Las Palmas el próximo sábado. O lo que es lo mismo: un nuevo fallo que no merece el calificativo de grosero tiene consecuencias dramáticas.

Aún en igualdad numérica, Nano remató al poste en una acción en la que la física dice que el balón debe acabar en la red pero el fútbol determina que salga hacia el césped. Y ya en inferioridad, cuando Montañés superó al portero rival en los minutos finales, apareció la pierna de un defensa. ¿Mala suerte? Sí. ¿Sólo mala suerte? No. Al Tenerife le faltó fluidez con el balón, perdió muchas disputas, esperó a tener el marcador en contra para exhibir la máxima ambición y cuando buscó la portería rival careció de puntería. Y esa falta de gol no es puntual, sino estructural. No se trata de un mal día, sino de la mala construcción de una plantilla.

Y esa mala construcción de la plantilla, causa de la mala temporada del Tenerife 18-19, es una invitación a buscar un culpable (o varios culpables) a la carta: en función de filias y fobias, se puede señalar a Concepción, Serrano, Moreno, Etxeberría, Oltra o los jugadores, que tampoco han rendido acorde a las expectativas. Y sea quien sea el elegido (o los elegidos) como culpable, hay sólidos argumentos para la designación. Y también puede haber motivos para entretenernos en este ejercicio de tiro al blanco y de “ves como yo tenía razón”. Pero creo que en poco ayuda a un equipo que es víctima de sus errores, pero también de una pésima dinámica.

Ya lo dijo Murphy: “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Pero eso no es lo que más me preocupa, sino aquello de que “todo lo que va mal, es susceptible de empeorar”.

P.D. Y de la continuidad de Oltra, ¿qué? Pues como esto es un artículo de opinión, diré lo que pienso: soy partidario de que siga hasta final de temporada. Eso sí, aceptaría cualquier decisión del club, aunque me temo que la decisión será el silencio. Si se cree en el técnico, se le respalda con convicción desde las más altas instancias; y si no hay confianza, se le destituye. En estos casos, la duda es un error.

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