Jorge Pérez, Edu Hernández, y Alejandro Obón, tinerfeños en la Titan Desert / Cedida

La armada tinerfeña cumple con creces en la Titan Desert

Misión completada. Los tinerfeños Alejandro Obón, Eduardo Hernández y Jorge Pérez cumplieron con las expectativas en la Titan Desert, una carrera temida pero a la vez tan deseada por los amantes de la 'rueda gorda'. Un sinfín de anécdotas y la superación personal, protagonistas en una de las pruebas más duras del mundo.

"La prueba es durísima", cuenta para ElDorsal.com Edu Hernández. Orgulloso y satisfecho tras superar la gran prueba de su vida, correr la Titan Desert ya era un premio. "¡Al final resultó que de piernas iba genial!", explica con alegría, aunque tuvo que lidiar con un serio contratiempo a partir de la cuarta etapa. "Me destrocé los nervios de la mano y perdí fuerza. No podía frenar y tenía que echarme agua en las muñecas cuando llegaba a los puntos de hidratación para aliviarme. A día de hoy sigo con un par de dedos dormidos". Dolores aparte, las conclusiones no pueden ser más positivas, ya que "el ambiente era de lujo, en todos los sentidos. Y ya estamos pensando en la próxima edición", afirma con mucho optimismo.

Edu Hernández y Ale Obón se funden en un abrazo / TDP

La alegría no es para menos, aunque las condiciones de viento y de calor eran extremas, con temperaturas por encima de 40º, "pero nosotros estábamos preparados", asegura Alejandro Obón. "No solo se trata de participar en una prueba tan dura y emocionante como esta, son historias impagables las que te llevas a casa, más allá de la bicicleta".

670 kilómetros pedaleando, con 7500 metros de desnivel acumulado por el desierto de Marruecos. Son muchas anécdotas y momentos para recordar los que desprende una prueba cuyo trazado comprende en un gran porcentaje sobre las arenas del Sáhara. Obón relata lo que supone rodar en la Titan Desert junto a corredores que han corrido más de diez veces el famoso Iron Man, o equipos que van con todo a por la victoria, concienzudamente preparados para el éxito. Incluso, instantes que marcan por cuestiones de mala suerte. "Un chico de Málaga se partió una costilla cuando nos trasladábamos y no pudo llegar al campamento previo al inicio de la carrera. Fue una pena". Como también fue la primera muerte en una Titan Desert, a causa de un infarto de corazón. "En diez ediciones nunca había pasado algo tan terrible, aunque esta vez tengo que reconocer que las condiciones eran muy duras, criminales".

Como no podía ser de otra manera, mención especial a su amigo Edu Hernández. Una vez ganó al cáncer, completó la prueba, "siempre cuidando uno del otro en todo momento". Y con mucho entusiasmo recuerda las últimas horas, el último día de una experiencia que nunca olvidará. "La última etapa fue emocionante porque sabía que mi familia me estaba viendo en directo". Ya toca pensar en la edición de 2020, quizá con un patrocinio bajo el brazo. Sería algo justamente merecido.

Felicidad tinerfeña / Foto cedida
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