Manoj DaswaniManoj Daswani
Manoj Daswani, junto a compañeros de La Opinión / Cedida

Historias de papel

CAJA_SIETE

No sé cuánto hay de cierto en lo que dice al canción. “Que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”. Pero hoy volví a LA OPINIÓN por última vez en los últimos 17 años para despedirme del sitio donde me hice periodista. He sido tan feliz como nunca imaginé ejerciendo el mejor oficio del mundo y ha sido así porque había un grupo humano ejemplar, un proyecto grandioso y unos compañeros extraordinarios. Así que esta etapa intensa, vertiginosa, divertida y apasionante se cierra para mí con más orgullo que tristeza.

Llegué cuando aún no había acabado la carrera. Necesitaba unas prácticas en un medio escrito y le pedí el favor a Loren Dorta, que enseguida me dijo que sí. Julio de 2002, pero lo recuerdo como si fuera ayer. La ilusión del primer día, las primeras instrucciones a cargo de Domingo González y la vez primera que firmé un artículo. Eran unas declaraciones de Quico Cabrera. Recuerdo mi entusiasmo al día siguiente al ir a comprar el periódico para guardarlo de recuerdo.

Casi 18 años en LA OPINIÓN han dado mucho de sí. Aprendí una barbaridad de Luis Padilla, de los mejores profesionales que he conocido; y recuerdo entre los momentos más tristes en la profesión el de su despedida (por escrito) en una nota que aún me conmueve. En Alberto Rodríguez tuvimos todos el mejor jefe que se puede tener; y con Loren, Carlos, Domingo y todos los que algún día estuvieron en la redacción formamos un equipazo donde era un privilegio aportar, aprender y escuchar.

En LA OPINIÓN firmé mi primer contrato como periodista y gracias a la confianza de los jefes, la paciencia de los compañeros y la atención de los lectores pude contar un montón de historias en papel: el ascenso en Montilivi, las crónicas de los partidos del Tenerife en Primera, los entresijos del fichaje de Nino, las intenciones de Miguel Concepción cuando aún no era ni aspirante a presidente, la locura de los derbis, el día que maquillamos en portada a Ricardo e Iriome, las ocurrencias de Pérez Ascanio, las postales desde los Juegos de Londres o las informaciones al filo del cierre desde Río 2016. Y hasta un Mundial de kárate al que me envio Luis Padilla cuando aún no tenía ni barba.

Hoy me han emocionado especialmente algunos mensajes de aquellos deportistas a los que pusimos en el escaparate de nuestras páginas. LA OPINIÓN me dio oportunidades increíbles que nunca imaginé. La de conocer a Pedrito y a Sergio Rodríguez; la de ser quien les presentara el uno al otro en el marco de un reportaje que fue portada y firmé desde Abades junto a Carlos García. La de darle al mismo Pedro la noticia de que estaba en la preconvocatoria para el Mundial. La de acercarme al concurso de murgas, que es una de mis pasiones. La de recaudar miles de euros solidarios contra el cáncer cuando el periódico accedió a vender el libro ‘Campeones de todo’. La de denunciar injusticias, escribir opiniones y destapar exclusivas. Pero también la oportunidad de aprender de los demás; la de tropezar y equivocarme; la de borrar una página entera y volverla a empezar. Porque LA OPINIÓN ha sido también como una escuela de vida.

Hoy son todo recuerdos imborrables. Me acuerdo de la edición del periódico que sacamos a la calle cuando no había luz; de los días que trabajamos contra viento y marea para seguir adelante; de los compañeros que ya no están, de los que se fueron demasiado pronto y de los que hasta el último día han peleado (letra a letra, renglón a renglón) para que este medio de comunicación se convirtiese en la referencia que ha sido y es. LA OPINIÓN cuenta, como decía su lema de los primeros años. Contó hasta el final historias increíbles. Las de los protagonistas de sus artículos y reportajes, aunque debieran contarse también las de aquellos que las firmaron. Los que pelearon hasta el final por este periódico que verá la luz por última vez mañana miércoles.

LA OPINIÓN fue un medio rebelde, inconformista, osado, valiente y con ganas de crecer. Me llevo un poquito de su espíritu para seguir contando las aventuras que vienen. Es triste separarme de los compañeros y del mejor equipo humano que he conocido en la profesión. Pero es reconfortante salir de esta experiencia tan preparado para lo que viene como orgulloso de lo que ya pasó. Acaban aquí casi veinte años de Periodismo y un periódico donde volcamos todo nuestro entusiasmo y nuestra ilusión de construir historias. De LA OPINIÓN me llevo tanto que sería imposible contarlo todo en una página. Cierra el periódico, pero no los sueños de papel ni mis ganas de ser periodista. Hasta siempre. O hasta pronto, quién sabe. Seguiremos informando.

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