Fin al síndrome del visitante
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Fin al síndrome del visitante

27 de noviembre de 1960

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El CD Tenerife sumó doce victorias y ochenta derrotas como visitante en sus siete primeras temporadas en la Segunda División. Las cifras asustan y a la vez muestran que, desde su ascenso a las categorías nacionales en el verano de 1953, tenía una asignatura pendiente: ganar en la Península.

O en Baleares y en el norte de África, donde también iba con frecuencia. Era un equipo sólido en el Heliodoro y nulo en sus salidas. Pagaba la lejanía y la insularidad y también unos desplazamientos tortuosos: un par de aviones hasta llegar a Madrid (generalmente vía Casablanca) y horas de carretera en unos autocares incómodos, propios del Jurásico. Y luego, estancias de dos semanas en la Península, en algún hostal de discreto nivel, mientras se intentaban organizar entrenamientos en campos de césped irregular.

Si había césped. Y finalmente, ya en los partidos, padecía arbitrajes caseros, algo lógico en un tiempo sin cámaras de televisión y sin opción de defensa alguna para unos colegiados que eran juzgados por la ‘neutral’ reacción de la grada.

Eso sí, el Tenerife también ponía de su parte con una falta de ambición preocupante. Todo cambió en la temporada 60/61 con Heriberto Herrera en el banquillo. Los viajes siguieron siendo tortuosos, las estancias prolongadas y los arbitrajes caseros, pero el equipo decidió ser protagonista también en los desplazamientos, en especial mientras contó con Enrique Vicedo, un
exquisito interior de Elda (Alicante) bien dotado para la ejecución del contragolpe y de notable relación con el gol. Los resultados no se hicieron esperar: ganó al Castellón (1-2) en su segundo desplazamiento y se impuso en el tercero al Levante (1-2) con dos goles de Vicedo.

Y tras empatar en Jaén y perder (1-0) en Cádiz, donde no pudo jugar el interior alicantino, el 27 de noviembre de 1960 se presentó en Vallecas, como líder del grupo Sur de Segunda División con quince puntos ¡¡y cinco positivos!!. Y con el siguiente once: Ñito; Colo, Correa, Álvaro; Villar, Borredá; Zubillaga, Santos, Padrón, Vicedo y Domínguez. Y sumó su tercera victoria (0-2) en seis partidos como visitante.

Una vez más, Herrera supo mover sus fichas. Así, sacó a Borredá de la defensa para formar con Santiago Villar una pareja de centrocampistas que haría historia. Además, retrasó a Yeyo Santos para controlar el juego y suplió la baja del ariete José Juan con Vicedo, pero el que se colocó como ‘falso nueve’ fue Juan Padrón, el comodín perfecto. A la media hora, un disparo de Padrón no lo pudo controlar el portero local y Zubillaga hizo el 0-1. Y a poco del final, Vicedo, en acción personal, cerró el resultado, que dejaba al Tenerife con una cifra desconocida en la Isla: siete positivos.

A las dos de la madrugada, cuando la expedición blanquiazul regresó a Los Rodeos en un DC-4, un centenar de aficionados esperaba en el aeropuerto. Celebraban la victoria y el liderato, sin duda, pero también haber acabado con el síndrome del visitante. Meses después festejarían el ascenso a Primera División.

Y además...

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