Errores y horrores en el derbi canario
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Errores y horrores en el derbi canario

La agresión de Timor a Nano es impropia de un futbolista

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El derbi del domingo da para mil reflexiones… y casi todas ligadas al fútbol. El partido fue propicio para hablar de la pasión que invita a más de mil blanquiazules a coger un barco para ver a un equipo que coquetea con el descenso, del planteamiento de Oltra con cuatro mediocentros defensivos (y dos centrales) en el once inicial, de la salida fría de un Tenerife superado que en el cuarto de hora inicial había realizado un remate a portería (un tirito inocente de Nano en óptima posición) y había recibido seis, mientras había cometido media docena de faltas sin provocar ninguna…

El derbi del domingo también da para hablar de errores… y casi todos ligados al fútbol. El más trascendente (en el marcador), el de Sagués Oscoz al sancionar un penalti que no fue, pero que a mí también me lo pareció en directo. Pero podemos incluir a José Luis Oltra por su apuesta por los cuatro mediocentros en una decisión que a mí me agradó cuando vi las alineaciones. Y también se equivocó Herrera al demorar algún cambio y prescindir de Fidel. Y los futbolistas en acciones de valor gol y jugadas intrascendentes. Y hasta los periodistas en nuestros análisis o en nuestras previsiones.

Todos admiten disculpas por su falta de intencionalidad. Porque si no nos ciega el fanatismo hay que admitir que ni el árbitro, ni los jugadores, ni los técnicos, ni los periodistas quieren o queremos equivocarnos. Hasta ahí, el Las Palmas-Tenerife del domingo entra en el grupo de ‘derbis normales’, con mejor o peor fútbol, con la polémica arbitral habitual, con más o menos pasión en las gradas, con las provocaciones típicas –y no deseadas– entre aficionados a las que se sumaron algunos jugadores… Todo entra en el capítulo de la ‘normalidad’. Hasta los (disculpables) errores.

Sin embargo, me resisto a considerar ‘normal’ la agresión de Timor a Nano. Me parece un codazo miserable, propio de un mal compañero y realizado con la intención de hacer daño. No se trata de una entrada dura o peligrosa y ni siquiera de una patada alevosa, entendible en la disputa de un balón o en un intento de evitar una acción de peligro. No llegó tarde, no midió mal, no quiso interrumpir una acción de peligro… Timor sólo quiso hacer daño. Y aunque me cuesta pensar en la mala intención entre compañeros de profesión, soy incapaz de encontrar una disculpa o un matiz.

Antes y después de la vileza de Timor hubo fútbol. Y el Tenerife ofreció señales contradictorias. Durante una hora invitó al pesimismo porque fue peor que Las Palmas en juego y en actitud. Y ofreció los defectos que le han acompañado durante todo el curso como visitante, ligados a un conservadurismo que esta vez se aderezó con falta de ambición cuando se quedó en superioridad. Eso sí, también ofreció alguna luz cuando recuperó un dibujo más habitual con Suso como faro y por sexta vez en el curso puntuó en un partido que tenía perdido, muestra de su resistencia a la derrota.

Pero me cuesta hablar de fútbol cuando veo a un futbolista tratando de partirle el cuello a un compañero.

Y además...

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