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presidente cd tenerife Alejandro RoloAlejandro Rolo
Miguel Concepción, presidente del CD Tenerife / @jacfotografo

En búsqueda de una identidad

Qué difícil se hace. Cuando apenas no se conserva ningún vínculo con un prototipo de juego y en cada curso sobresale la improvisación, cuando los resultados no terminan de quedarse o la suerte acampa a sus anchas mostrando la espalda en cada acción de azar. Cuando prácticamente cada verano es un carrusel de altas y bajas con algunas de las piezas principales saltando por los aires, obligando a realizar un «reset» del proyecto llevado a cabo o, más aún, cuando el peso de la historia y una fiel afición blanquiazul están por detrás hambrientos de los días de gloria que vivieron en antaño.

La travesía del Tenerife está resultando ser agónica para bien y para mal. No cesan los altibajos, donde cielo e infierno han estado a la misma distancia, los ciclos con fecha de caducidad, las caídas no previstas y las victorias que aún no se terminan de explicar.

Sin embargo, en este ir y venir insufrible hay dos realidades que siguen -y seguirán si nadie o nada se opone- sin descomponerse: el Heliodoro y la camiseta. El primero, por lo que, tanto a visitantes como a locales, supone; y lo segundo, por lo que representa mirarse bajo el abrigo en los días más fríos para comprobar que la piel es blanquiazul y no es otra.

Cual garantía de supervivencia, el «tinerfeñismo» se agarra impacientemente a estos dos pilares tratando así de sustentar un cuadro que en varias ocasiones ha amenazado con desplomarse al vacío. Pero, también, anhela aferrarse -por qué no- a la esperanza de estar bajo un proyecto ambicioso que se convierta en un patrimonio más del club, a una identidad con un patrón de juego que siempre predomine y perdure desde su fútbol base hasta el primer equipo y a pesar de los años, el escenario o el reto en cuestión.

Cansada del baile constante de jugadores, entrenadores, directores y desilusiones, la afición pide a gritos estabilidad deportiva. Y ello requiere un trabajo de institución, pero también cultural, de mentalidad, de permeabilidad y, sobre todo, de paciencia. Si la entidad blanquiazul termina de identificarse a sí mismo, encontrando una filosofía afín a su historia, a la cultura del fútbol de su tierra y a sus valores, terminará conquistando a pequeños y mayores, convenciendo a los más escépticos, enamorando a los menos románticos y confirmando que siempre se vuelve, porque el Tenerife nunca se rinde.

LA_TARTERIA

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