El trofeo… y el honor

El Tenerife fue, tras la guerra civil española, el mejor equipo del Archipiélago. Durante tres temporadas consecutivas conquistó la Liga Regional, un campeonato en el que participaban los ocho mejores equipos de Canarias (cuatro por provincia) y que se disputaba a doble vuelta durante 14 jornadas. Era un torneo muy bien organizado, con un calendario que se cumplía, que celebraba cuatro partidos por jornada y mantenía en vilo a la Canarias futbolera durante cuatro meses. En 1941, el equipo blanquiazul se hizo con el título por delante del Gran Canaria, al año siguiente dejó como subcampeón al Real Victoria y en 1943 acabó líder gracias al 'gol average' y tras un cerradísimo sprint final con el Marino de Las Palmas. Este tercer éxito consecutivo permitía al conjunto blanquiazul quedarse en propiedad con la valiosa copa, donada por los cabildos insulares de Tenerife y Gran Canaria.

La entrega del trofeo quedó fijada para el 19 de marzo de 1944 en el Stadium (el actual Heliodoro), como acto previo del Tenerife-Victoria de la cuarta jornada de una nueva edición de la Liga Regional. Para entonces, los blanquiazules aún no habían logrado ganar en la nueva competición. No sólo habían perdido a sus mejores jugadores, fichados por clubes peninsulares, sino que aún lloraban el prematuro fallecimiento de su líder, Bernardino Semán. Por contra, los grancanarios sumaban sus apariciones por triunfos. Antes del choque, el presidente de la Federación Tinerfeña, Juan Labory González, entregó al capitán blanquiazul Conrado el trofeo acreditativo de campeón de la Liga Regional, del que la entidad conserva una réplica –mandada a hacer por Heliodoro Rodríguez y pagada de su bolsillo– después de que el original quedara destruido en el incendio que asoló la sede del club en 1945.

Además, dentro de un emotivo acto, se recordó al fallecido Semán, que había sido vital en la consecución de los dos primeros títulos, glosándose también la figura de Arturo Rodríguez, directivo y médico del club muerto días antes y padre de los jugadores Abel y Dieguito. Tras los discursos llegó el partido en el que el Tenerife alineó a: Rafa; Llanos, Basilio; Celedonio, Conrado, Victoriano; Eusebio, Alfonso, Alejandro, Argeo Semán y Torres. A los cinco minutos ya ganaban los locales tras un gol de Alejandro, pero el Victoria tardó poco en imponer su superioridad y antes del descanso Marín y Gallardo le habían dado vuelta al resultado entre la algarabía y también la rechifla de numerosos aficionados grancanarios. Había que evitar ese sonrojo y, en el intermedio, el presidente de la entidad, Heliodoro Rodríguez López, pasó por el vestuario local y apeló al honor de los jugadores.

Mano de santo: nada más reanudarse el juego Torres estableció el empate y, a poco del final, una combinación de Argeo Semán y Eusebio la culminó Alfonso con un duro disparo para establecer el 3-2 definitivo. Fue la primera derrota del Real Victoria en la Liga Regional. Su segunda y última derrota también llegaría ante el conjunto blanquiazul, aunque fue aquella tarde en el Stadium cuando el Tenerife no sólo llevó a sus vitrinas un trofeo. También puso a salvo el honor.

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