El primer derbi en Primera

Aragoneses; Javi Venta, Pablo Paz (David Charcos, 38’), Lussenhoff, Basavilbaso; Manel, Martí, Iván Ania, Hugo Morales (Bichi Fuertes, 63’); Xisco (Jaime, 46’) y Marioni. Estos fueron los jugadores utilizados por Pepe Mel el 22 de diciembre de 2001... y también son los responsables, junto a su técnico, de que el Tenerife tenga de por vida el estigma de haber perdido (1-3) el primer derbi canario en Primera División. Un breve análisis de la relación de futbolistas citados permite comprobar que en la lista hay seis argentinos ¡y ningún canario!

 Ellos también fueron los responsables de que casi veinte mil aficionados blanquiazules tuvieran que aguantar esa interminable noche los cánticos burlescos del millar de seguidores amarillos desplazados hasta la Isla que celebraron su triunfo como si no hubiera un mañana. Y una rechifla constante durante semanas que sólo cesó cuatro meses después cuando Marioni silenció el Insular y le dijo al eterno rival que sí, que vale, que de acuerdo, que tienes razón hermano, que el Tenerife se va “a Segunda, a Segunda, a Segunda”. Pero que se va acompañado.

Sin embargo, aquel 22 de diciembre el tinerfeñismo no encontró consuelo alguno. Y eso que el partido pintaba bien. Tras sobrevivir a varias causas 'inaplazables' de destitución, incluyendo un humillante 5-1 en Copa del Rey frente al Lanzarote, Pepe Mel parecía haber dotado de un poco de solidez y dinamismo a la que él se empeñó en calificar desde el primer día como “la peor plantilla de Primera División”. Así, tras arrancar un empate (0-0) en Valladolid, los blanquiazules tenían la oportunidad de adelantar a su eterno rival en la clasificación.

Además, el Tenerife podía alejarse de la zona de descenso, dar un golpe de autoridad, refrendar su solidez en el Heliodoro... Sin embargo, todo empezó a complicarse a los once minutos de partido, cuando Tevenet aprovechó un saque largo de Nacho González y un grave error de la zaga local para batir a Aragoneses. Mientras, el Tenerife estaba espeso. Tanto como la noche oscura que invadió Santa Cruz después de que un apagón dejara sin luz al Heliodoro durante una hora. Reanudado el partido, ya en la segunda parte, Lussenhoff empató.

Lo hizo al entrar con todo en el área rival para empujar una falta lanzada por Marioni. Marcó, sí, pero como se ha dicho entró con todo al remate y se abrió la ceja. Y mientras el central argentino era atendido y el Tenerife perdía su principal soporte en el juego aéreo, Josico lograba el 1-2 al cabecear a placer una falta lateral. El Tenerife ya no superó ese golpe y, a quince minutos del final, llegó el sonrojo: penalti contra el Tenerife que Nacho González, el portero visitante, que jugaba siempre con unos jurásicos pantalones de chándal, transformó con un durísimo disparo.

Luego llegó la desordenada carrera del guardameta rival, el loco festejo del definitivo 1-3 junto a los aficionados visitantes y un cuarto de hora de impotencia. Meses después habría venganza, de acuerdo, pero la historia blanquiazul siempre recordará con dolor el primer derbi canario en Primera División.

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