El partido interminable
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El partido interminable

10 de diciembre de 1933

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El 10 de diciembre de 1933, en el Stadium de la calle San Sebastián, en choque decisivo para el título del Campeonato Insular de Tenerife, cuyo campeón tenía el premio añadido de disputar la eliminatoria previa de la Copa de España, se enfrentaron el Tenerife y el Unión. Así, el Unión a secas, pues durante la II República Española el conjunto visitante había perdido su condición de Real. Lo que no había perdido era su enorme potencial. Se había ido Quico Tejera al Barcelona, pero mantenía a elementos como el portero Luis García (apodado ‘el Cuervo’) o figuras del calibre de Basilio, Núñez, Ramón Mesa o Cubas. Y con eso le bastó para imponerse (2-3) a los propietarios del terreno, que esa tarde formaron con un equipazo: Julio Fernández; Llombet, Matroyo; Arencibia, Morán, García; Felipe, Rancel, Chicote, Semán y Luzbel. ¿Asunto resuelto? Pues no.

Ese domingo se había adelantado el Tenerife con goles de Semán y Luzbel en la primera parte y dominaba plácidamente el choque hasta que el árbitro del encuentro, Navarro Verdú, llegado expresamente desde Las Palmas, adquirió protagonismo: primero permitió una dura entrada que dejó conmocionado al portero blanquiazul, luego dio validez a dos goles polémicos de Cubas y Ramón Mesa para el Unión, anuló sin motivo un tanto de Chicote que daba la victoria al Tenerife y, finalmente, en el último minuto, concedió el 2-3 definitivo de Cubas, en posición más que dudosa. “Su incapacidad y su falta de sensatez pudieron provocar un serio conflicto”, dijo La Prensa. Lo que sí provocaron en cualquier caso es que la Federación Nacional ordenara la repetición del encuentro a puerta cerrada… aunque unos 500 espectadores se colaron en el Stadium en choque retransmitido por Radio Club Tenerife.

Ya en febrero de 1934 y bajo una intensa calima, el Tenerife se impuso (1-0) con gol desde el centro del campo de Ruperto, después de que el polvo sahariano impidiera ver el balón a Luis García. ¿Asunto resuelto? Pues tampoco, ya que el señor Willis, árbitro del encuentro, suspendió el partido en el minuto 60, después de que el unionista Quique se negara a abandonar el campo tras su expulsión “y tampoco accediera a ello al solicitárselo su capitán”. Un par de semanas después, celebrado ya el sorteo de Copa de España que emparejaba “al campeón tinerfeño” con el Hércules de Alicante, había que decidir quien era el campeón tinerfeño. Madrid se lavó las manos y dejó que en las islas se encargaran de resolver sus cuitas: había que jugar la media hora restante del Tenerife-Unión… pero los equipos se encontraron con la negativa de la autoridad gubernativa a que el choque se celebrara en La Laguna

¿Solución? El partido interminable concluyó el 2 de marzo de 1933 a puerta cerrada ¡y en el campo España de Las Palmas! Finalmente, los blanquiazules empataron (1-1) y conquistaron el título insular. Y al día siguiente, sin descansar, embarcaron en el vapor ‘Magallanes’ con destino a Murcia, pues allí debían jugar como locales ante el Hércules. La travesía fue movida y el Tenerife pagó su falta de descanso con una abultada derrota (1-4) en su campo de La Condomina, que precipitaría su posterior eliminación. Fue también la consecuencia de un partido que había empezado tres meses antes.

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