El mejor partido de la historia
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El mejor partido de la historia

3 de diciembre de 1996

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Es imposible definir cuál ha sido el mejor partido que ha jugado el Tenerife en sus más de cien años de historia. En primer lugar, porque nadie ha sido capaz de verlos todos. Y luego, porque las épocas son diferentes y los juicios son personales. Así, unos pueden valorar la épica, la trascendencia del choque o la brillantez estética, mientras que otros tal vez prefieran destacar el rigor táctico, el acierto en la ejecución o la diferencia numérica de goles. Y luego hay miles de factores subjetivos, que para unos pesan más que otros. O lo que es lo mismo: cada aficionado tiene ‘su’ partido preferido.

En este capítulo de la historia se analiza un choque que tuvo la importancia propia de un partido de vuelta de una eliminatoria de la Copa de la UEFA, la épica de jugarse en un ambiente hostil, el valor de ganar –con un atisbo de goleada– a uno de los grandes clubes del continente y la espectacularidad de contar con acciones inolvidables, al tiempo que el Tenerife mostraba el equilibrio defensivo propio de un grupo bien trabajado, que exhibió solidez y contundencia en las áreas. Ese ‘partido perfecto’ lo jugó el Tenerife el 3 de diciembre de 1996.

Fue en el estadio De Kuip de Rotterdam ante el histórico Feyenoord, en los octavos de final de la Copa de la UEFA, una competición de la que el grupo dirigido por Jupp Heynckes parecía despedirse tras haber empatado (0-0) en el Heliodoro ante los holandeses, excampeones de la Copa de Europa. Pero aquella noche en De Kuip, el Tenerife bordó el fútbol. Lo hizo ante un grupo notable, heredero de un pasado glorioso y aún con varios elementos de gran nivel como el portero De Goey o el mediocampista Taument… y con tres futbolistas sobresalientes.

Uno de ellos, Ronald Koeman, había ganado la Copa de Europa con el FC Barcelona cuatro años antes. Y otros dos, el sueco Henrik Larsson y Gio Van Bronckhorst, lo harían una década más tarde, también con el conjunto azulgrana. El lateral, incluso, disputó como titular con Holanda la final del Mundial 2010 (contra la España de Iniesta, sobra decirlo). Pero aquella noche el Tenerife fue superior. Heynckes alineó a: Ojeda; Llorente (Ballesteros, 76’), Antonio Mata, César Gómez, Alexis; Chano, Jokanovic, Vivar Dorado, Felipe (Pablo Paz, 70’); Pinilla y Juanele (Vidmar, 81’).

A los cinco minutos ya ganaba después de que Pinilla regateara a dos rivales y metiera un centro al que no llegó Juanele, pero sí Felipe. Y tras un penalti no pitado por derribo a Felipe y una catarata de ocasiones desperdiciadas por Llorente, Vivar Dorado, Pinilla y Chano, fue Juanele el que puso el 0-2 al filo del descanso. Y también fue Juanele el autor del 0-3 mediada la segunda parte, minutos antes de que Pablo Paz colocara el 0-4 con una vaselina desde 25 metros. En los siete minutos finales, dos goles locales sirvieron para ‘adecentar’ el resultado (2-4).

En todo caso, nada puede borrar la imagen de un Tenerife imperial. “Es el mejor partido que he dirigido… y de los mejores que he visto en mi vida”, dijo Heynckes. Y no hay que olvidar que Heynckes había sido campeón de Europa y campeón del Mundo con la mejor Alemania de todos los tiempos.

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Es bueno, y hasta bonito, recordar aquellos tiempos. Época dorada, de buen fútbol y de todo lo que ustedes quieran, …pero en la que no medimos nuestras posibilidades económicas y nos metimos en una deuda de la que aún no hemos salido.
Y es que, en nuestro querido Tete, toda cara parece traer su cruz.