CANAUTO
Javier Pérez / ACAN

El maná televisivo

Ahora es fácil decirlo. Ahora es fácil decir que Javier Pérez se equivocó. Ahora es muy fácil decir que el entonces presidente del CD Tenerife se gastó el dinero que tenía y el que no tenía, que derrochó lo de ese año, lo del próximo y lo del siguiente. Ahora es muy sencillo hacer cuentas, analizar la situación y sentar cátedra. Y parecer un Nobel de Economía. Pero había que estar allí. Había que estar en España a finales de los noventa, con el dinero fresco, el crédito abierto y los sueños al alcance de la mano. Había que ver al Deportivo ganando títulos y peleando por la liga con futbolistas galácticos. Había que ver al Athletic, sí, al comedido Athletic de Bilbao, pagando 2.000 millones de pesetas por un simple defensa como Roberto Ríos. Y había que ver al Betis gastándose ¡cinco mil millones de pesetas! por un proyecto de sólo 21 años llamado Denilson. Y había que ver a Jesús Gil, ganando un doblete con retales y tirando luego la casa por la ventana para no volver a sonreír nunca jamás.

Repetimos el nombre de los equipos: Deportivo, Athletic, Betis... Es que había que estar allí y comprobar que cualquier don nadie, cualquier modesto, cualquier advenedizo le podía robar un fichaje al Madrid y al Barça. Y luego, claro, está el ego. Porque había que estar allí para ver a aquellos presidentes, en el centro del estadio, acribillados a flashes, abrazando a su 'juguete' mientras la grada coreaba su nombre. El nombre de la estrella... y el nombre del presidente. Porque Lendoiro, Lopera, Gil y compañía fueron aclamados por todo un estadio. Ahora es fácil predicar, pero había que estar allí antes de dar lecciones de Economía. Porque lo peor es que ahora da lecciones cualquiera, ahora pontifica cualquier mileurista que –con un trabajo temporal y con su pareja haciendo cáncamos– se gastó el dinero que tenía y el que no tenía. Y que cuando llegó la crisis y se cerró el 'grifo' se encontró sin dinero para pagar la hipoteca, el todoterreno y el apartamento de la playa.

Y no fue uno, ni dos. No fueron mil, ni dos mil. No fueron un millón, ni dos millones. Fueron mucho millones de mileuristas los que se fueron al paro, sin dinero y con hipotecas. “Queríamos progresar. Teníamos derecho a hacerlo”, dicen ahora. El CD Tenerife también tenía derecho a intentar progresar el 14 de mayo de 1996 cuando firmó un contrato con Canal + que le garantizaba 10.500 millones de pesetas en siete años. Había rechazado una oferta de Antena 3 y otra de Televisa... para cobrar lo mismo que el Athletic ¡y tres mil 'kilos' más que el Valencia!, que se quedó, por firmar antes, en 7.500 millones de pesetas. Y sólo un poco menos sólo que Barcá (17.500 millones) y Madrid (17.000). Si conservaba la categoría, claro. Pero eso se daba por supuesto, como el valor en la mili y el trabajo para el mileurista. Luego, ya se sabe, hay cobardes, despidos y descensos. El Tenerife iba a cobrar mil millones el primer y el segundo año. Luego, mil quinientos. Más tarde, dos mil. “¿Por qué esperar?”, dijo Pérez.

P.D. En 2009, tras ascender a Primera División, el CD Tenerife recibió algo más 13 millones de euros al firmar con Sogecable. Y (casi) todo el mundo criticó a Miguel Concepción por no gastarse en fichajes el dinero que tenía y el que no tenía.

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