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Luis PadillaLuis Padilla
El CD Tenerife logró otra gran remontada en el Heliodoro / @jacfotografo

El fútbol (a veces) es justo

A veces, el fútbol es justo. Y regala una noche de gloria a tipos honestos, de los que riegan el césped con sudor y oficio. De los que pueden fallar, pero nunca te dejan tirado. De esos que aunque se criaron lejos del Teide sienten al Tenerife como si fuera suyo. Carlos Ruiz es un ejemplo. Su DNI pone que nació en Baza (Granada) y su historial refleja que hasta los 23 años no debutó en el deporte semiprofesional. Y aunque en su currículum no hay nada que le emparente con la gloria, la historia quizás le reserve un premio mayor que un título: el Heliodoro siente que es blanquiazul.

Porque es muy difícil no querer –o al menos no respetar– a un tipo que nunca tuvo a la suerte como aliada y que durante más de un lustro fue un jornalero del fútbol, un mercenario en el mejor sentido de la palabra: un tipo capaz de matar por el equipo que le paga. Su historia merece la pena ser recordada: Carlos Ruiz jugó primero en el equipo de su pueblo y luego trató de hacerse un hueco en el equipo de su tierra, un Granada que entonces vegetaba en la categoría de bronce. Y cuando salió de casa recaló en un Melilla que por dos veces rozó el ascenso a Segunda División.

La Ponferradina fue su siguiente destino y esta vez el fútbol fue generoso y celebró un ascenso [en el Heliodoro, es curioso]. Y un año en la categoría de plata bastó para demostrar su nivel. Entonces, le fichó el Tenerife. Y 'lógicamente', Quique Medina recibió críticas por contratar a un tipo que con treinta años cumplidos sólo había jugado un curso en el fútbol profesional y que no desprendía glamour: dificilmente ganará un concurso de belleza o dará titulares ante los micrófonos o en las redes sociales. Se trataba, simplemente, de un buen futbolista.

Porque Carlos Ruiz, además de un tipo honesto que jamás va a dar un problema, es un buen futbolista, un central solvente que puede ejercer como mediocentro defensivo y genera peligro en las acciones a balón parado... o en unas incorporaciones al ataque que acompaña de sorpresa y criterio. Estos argumentos se tradujeron en más de doscientos partidos como blanquiazul y en muchos minutos de juego. Todo cambió este curso. Titular para Etxeberria, tuvo un protagonismo decreciente con Oltra. Y hace cuatro meses cayó en el olvido: cien minutos en quince jornadas.

Hasta este bendito sábado sólo había sido titular contra el Numancia (1-1) y había jugado los minutos finales ante Osasuna (3-2) y en Majadahonda (1-3) para conservar la victoria. Y había cumplido. Y fuera del césped jamás se le escuchó una queja y nadie le vio una mala actitud cuando la grada era su destino tras el buen trabajo semanal. De cara al derbi, nada cambió: sancionado Jorge, entró en la convocatoria pero no en el 'once', hasta que una lesión y la perenne amenaza de expulsión que perseguía Dos Santos invitó a Oltra a sacarlo del ostracismo.

En un escenario idóneo para limitarse a una actuación rutinaria, su prolongada inactividad hubiera sido la excusa perfecta para justificar malas prestaciones o errores groseros. No fue así. Su excelente colocación en los saques de esquina le llevó primero a rozar el gol y luego a lograrlo. Y su ambición le llevó a más: a cinco minutos del final abandonó la seguridad de la cueva, entró en territorio hostil por el callejón del ocho, engañó con el cuerpo a la zaga rival cuando recibió el balón de Racic, llegó a la línea de fondo y le regaló el gol de la victoria a Naranjo y una noche mágica al Heliodoro.

Entonces, medio equipo, titulares y suplentes, enloquecieron para ir a abrazarle. Y acabado el partido, cuando Isma López le felicitaba, desde el banquillo llegó Raúl Cámara a la carrera para lanzarse encima de Carlos Ruiz, de ese compañero y amigo con el que ha compartido media docena de años en el Tenerife y también meses de olvido. Porque, desde octubre, Raúl sólo ha visitado el césped por la lesión de Luis Pérez y no ha jugado ni un minuto en las últimas 16 jornadas. Ante Las Palmas tampoco lo hizo, pero eso no le impide sentir y querer al Tenerife cada día.

Por eso estoy convencido de que más temprano que tarde, el fútbol será justo con Raúl Cámara, otro tipo que riega el césped de sudor y oficio y que merece tener esa tarde para el recuerdo.

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