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Martín Marrero, técnico del CD Tenerife en 1987 / ACAN

El espectáculo, en el cine Víctor

“El que quiera espectáculo, que se vaya al cine Víctor”. La frase es de Martín Marrero, entrenador del Tenerife 86-87. Más de tres décadas después, aún es esgrimida por los 'resultadistas' en los debates que periódicamente surgen sobre el tramposo dilema que existe entre ganar o jugar bien. El entonces técnico blanquiazul le soltó esa 'perla' a Juan Sánchez Quintana, veterano periodista que antes había sido delegado del club, tras recibir múltiples quejas –en los medios y también en la grada– sobre la falta de fútbol del conjunto blanquiazul.

 La entidad había sufrido el verano anterior una transformación absoluta con la llegada de un nuevo grupo dirigente comandado por Javier Pérez, que había designado a Martín Marrero como entrenador. Además, el club había apostado por la cantera y por recuperar jugadores tinerfeños que habían emigrado a la Península. Tras un traumático descenso, necesitaba tiempo para reconstruirse... pero sus resultados ya eran excelentes: avanzada la segunda vuelta, era líder destacado del grupo único de Segunda División B, que daba cuatro plazas de ascenso a la categoría de plata.

Y todo ello, con la presencia de un mínimo de diez jugadores canarios en cada choque. Además, el colectivo que dirigía Martín Marrero acumulaba ¡21 partidos sin conocer la derrota! y en todo el curso sumaba doce victorias y sólo tres empates en sus quince apariciones ligueras en el Heliodoro. Y era el equipo más goleador de la categoría, con 46 tantos a favor en 30 jornadas. Numéricamente, no había razón alguna para la crítica. Pero los palos eran constantes: “Otro partido para olvidar”, “insufrible”, “aburrimiento total”, “el empate, un mal menor”…

Eso sí, los medios de comunicación también tenían su cuota de razón en sus análisis. Y es que, como visitante, el Tenerife sumaba nueve empates seguidos. No perdía, pero tampoco era un prodigio de ambición. Y sus últimos partidos en la Isla, si se exceptúa una 'abultada' (2-0) victoria ante el Pontevedra, habían estado presididos por el sufrimiento: un 1-1 con el Burgos, un 0-0 con el Lleida, un 1-0 al Linense, un 2-1 al Almería, un 2-1 al Lugo... y, finalmente, un agónico 1-0 al Córdoba el domingo anterior, con un tanto de Lope Acosta a trece minutos del final.

Y así, sin brillantez pero con el ascenso al alcance de la mano, se llegó a la mini-rueda de prensa del 26 de marzo de 1987, en un tiempo en el que apenas un par de periodistas se acercaba por el Heliodoro a los entrenamientos. Juan Sánchez, de 'Jornada Deportiva', insistía en la ausencia de buen juego, en la falta de gol, en el aburrimiento… Hasta que pronunció la palabra maldita: espectáculo. Y Martín Marrero lo miró fijamente, recordó que la noche anterior había ido a ver una bonita película y le soltó la frase que ha quedado grabada en la historia.

El domingo siguiente, el Tenerife cayó (1-0) en Granada, puso fin a la mejor racha de imbatibilidad de su historia, se complicó un poco –sólo un poco– el ascenso... y los medios se olvidaron de reclamar espectáculo. A partir de entonces, ganar pasó a ser lo importante. Y si alguno quería ver espectáculo, siempre quedaba el cine Víctor.

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