SERVICIO_WHATSAPP
Manoj DaswaniManoj Daswani
Carlos Ruiz, protagonista del derbi canario / @jacfotografo

El día de Carlos Ruiz

El idilio inquebrantable de Carlos Ruiz con el Heliodoro Rodríguez López nació cuando aún no era futbolista del Tenerife. Vino para disputar con su club de entonces una eliminatoria decisiva (a ascenso o nada) y salió victorioso tras un partido impecable. Entonces aún desconocía que el estadio en cuyas entrañas celebró aquel éxito histórico para la Ponferradina sería algún día su nueva casa, el escenario más importante en su carrera deportiva y el lugar donde el sábado iba a escribir el más brillante episodio de sus años como futbolista.

La historia de los derbis esconde rincones maravillosos a futbolistas excepcionales. A Carlos, su sitio en la historia le llegó a los 35, cuando ya ni lo esperaba ni lo sospechaba. Sí lo había soñado. Seguro que había imaginado un montón de veces el momento que se producía el cambio que significó su incorporación al juego, la ovación merecida de un Heliodoro que se rindió a sus pies y luego todo lo que vino después. Fue un torbellino de sensaciones tan grande que, eso sí, jamás pudo pensarlo. Diez minutos inmensos, de tamaño XXL, inabarcables ni en el mejor de los pálpitos ni elucubraciones.

Carlos Ruiz lo hizo todo. Y todo lo hizo bien. No solo es que lograse levitar hasta embocar con la testa un balón imposible; es que marcó un golazo sublime. Con la cabeza, como mejor sabe. En el momento oportuno en el sitio adecuado. Y por si fuera poco, a continuación se vistió de Beckenbauer para hacer magia en una baldosa y descubrirse como un futbolista de frac en una acción irrepetible. La secuencia fue deliciosa. Tanto, que si pudiéramos la guardaríamos como siempre en un frasco. Envasado al vacío como los productos delicatessen.

Tal vez en la noche mágica del Heliodoro pensara el 14 del Tenerife que estaba ante su última oportunidad. 200 partidos a sus espaldas y quién sabe si apenas unos pocos más hasta llegar al final. Pero era un derbi definitivo. Para él y para el club. Como esos trenes que no pasan dos veces, que te agarras a ellos o lo dejas pasar. Y él se subió al último vagón, pero lo hizo con todo. Compromiso, lealtad, entrega y raza. Argumentos de un central irrepetible y un hombre de vestuario que nos ha ganado a todos por su manera de ser y entender el tinerfeñismo. Sin límites ni reservas. Como siempre en su modélica trayectoria y en su ejemplar tránsito por Tenerife. Héroe inesperado y gran capitán, suya es esta gloria que tanto merece. Enhorabuena.

CAJA_SIETE

TAMBIÉN EN ELDORSAL.COM

ATLÁNTICOHOY
No existen comentarios

Publicar un comentario