El CD Tenerife a dos años de su centenario

El 8 de agosto de 1922 comenzó la andadura de la entidad tinerfeña por excelencia en el fútbol. Los tinerfeñistas celebrarán su centenario en dos años. La entidad oficial expone cómo fue esos inicios del club blanquiazul.

Poco a poco, a medida que caía la noche sobre la capital tinerfeña, la sede del Centro de Dependientes acogía a los concurrentes a la reunión. El inicio estaba fijado a las nueve y media, pero el fuerte tiempo de Levante que azotaba en esas fechas a toda la provincia canaria, con un calor fuera de lo normal, invitaba a apurar la charla en el exterior del inmueble, localizado en la calle San José.

Los rostros de todos ellos irradiaban la ilusión propia de quienes se saben participantes en un hecho memorable. El trabajo realizado en las semanas previas por los promotores de esta cita, entusiastas deportistas y amantes del fútbol local, propiciaba un ambiente distendido, de serena felicidad.

Atrás quedaban los quebraderos de cabeza propios de quienes tienen que regir una entidad proa al marisco, como era el Tenerife Sporting Club. La deuda acumulada con la propiedad del campo de fútbol próximo a la calle Miraflores, representada por Edmundo Caulfield, fue el detonante de una crisis que venía de lejos. Poco quedaba ya de la euforia generada a partir de su creación, en 1912.

Con ser importante la merma financiera, la decadencia tornó en institucional, sin que los rectores del club fueran capaces de solucionar la crisis. A la vista de la situación, el secretario de la junta directiva, Juan Labory, decidió llevarse los trofeos a su casa y ocultarlos bajo la cama, “para evitar que fueran embargados, peligro que se corría por ser la mayoría de ellos de plata de ley”, según se ha escrito. Así, “los galardones conquistados en buena lid” escaparon de “las garras de los acreedores”.

Pero si hubiera que concretar un hecho definitorio de la claudicación del Sporting, ese fue la devolución de las llaves del campo de fútbol a la familia Caulfield, a mediados del mes de julio. Un hecho que, sin embargo, tuvo un efecto inmediato, en favor de la pervivencia de la causa blanquiazul: Julio Fernández del Castillo, uno de los futbolistas de referencia en las filas del fenecido Sporting, apeló al tinerfeñismo para reactivar a algunos de lo más conspicuos seguidores de este deporte en la capital.

Nueva sociedad de deportes

El sábado 5 de agosto, tres días antes de la sesión constituyente, los seguidores de aquella iniciativa habían celebrado un encuentro preparatorio, donde cambiaron impresiones sobre el proyecto de constituir una nueva sociedad de deportes en Santa Cruz. “Los iniciadores dieron cuenta del resultado de las gestiones que han realizado con los señores Caulfield, dueños del campo de foot-ball, habiéndose llegado a un acuerdo para el arrendo del mismo”, informaba el diario “La Prensa” en su edición dominical.

Tras esbozar los fines que habría de perseguir la nueva sociedad, los asistentes acordaron por unanimidad nombrar una comisión para afrontar los trabajos preparatorios y la redacción del nuevo reglamento.

Con el fin de revestir la cita del martes 8 con el mayor lustre posible, los convocantes invitaron abiertamente “a todas las personas que tienen conocimiento del proyecto”, además de aquellas otras que habían asistido a la sesión preparatoria.

Un diplomático en la presidencia

Entre los impulsores más fervorosos de la empresa figuraba Mario García Cames, el cónsul uruguayo en la isla, que esa noche fue proclamado presidente del nuevo club. Tenía entonces 39 años y había sido uno de los nueve rectores del Sporting Club en su década de vida. Su designación fue acogida con general entusiasmo, “pues de su provechosa iniciativa esperamos todos el renacimiento de los deportes en Tenerife”, señalan las crónicas de aquel emotivo acto.

A su lado fueron elegidos otros diez directivos, a los que cuatro días después le fueron asignados sus respectivos cargos: vicepresidente, Cándido E. Pérez; tesorero, Julio Fernández del Castillo; contador, Rodolfo Krawany; secretario, Juan Labory; vicesecretario, José Pérez Quesada; vocales, Antonio Álvarez, Carlos Rizo, Joaquín Feria, Joaquín Cola y Melquiades González.

Además, la junta adoptó varios acuerdos relacionados con la reapertura del campo de Miraflores, que se hizo efectiva la tarde del 17 de agosto, en presencia de un buen número de aficionados. En fechas sucesivas se procedería al arreglo de la cancha, que se vio ensanchada, y de los muros circundantes, con objeto de “evitar la entrada en el campo de personas ajenas a la sociedad”. La construcción de un cuarto de duchas, junto a la caseta, y una cancha de tenis completaban la planificación prevista.

Los primeros socios del club

Otros acuerdos de la primera junta tuvieron que ver con la inscripción de socios, bien de número o protectores. Carente aún de sede social, a los interesados se les facilitaron formularios informativos en cinco establecimientos de la ciudad: la librería La Prensa, el comercio de don Alberto Camacho, el bar del Casino, el café de don Andrés Jiménez y el bazar de los señores Caulfield. Un sexto punto quedó dispuesto en el mismísimo domicilio particular del presidente García Cames, en el número 15 de la calle Emilio Calzadilla.

La condición de socio fundador fue reservada para aquellas personas que solicitaran su admisión dentro del plazo de un mes, a contar desde el 15 de agosto, quedando exentas del pago de la cuota. Tan solo deberían abonar una mensualidad de tres pesetas, idéntica a la fijada para los asociados de número.

Aunque había motivos más que suficientes para la ilusión, los medios no escatimaban espacio para el llamamiento popular: “Dado el carácter de esta nueva sociedad, los nobles fines que ella persigue y los valiosos y entusiastas elementos que forman su directiva, no dudamos que nuestro pueblo apoye sus iniciativas, prestando cada uno su concurso para ver pronto realizados tan laudables proyectos”, se manifestaba en “La Prensa”.

Desde entonces hasta octubre tocó configurar la plantilla del primer equipo y sus filiales, que llegaron a ser cuatro, además del infantil. Entre los titulares abundarían efectivos del desaparecido Sporting Club, que dieron consistencia a un cuadro netamente ganador a la postre. Algunos de ellos habían logrado los trofeos que el secretario Juan Labory guardó bajo su cama para esquivar un hipotético embargo. Fueron las primeras copas de un conjunto que todavía tenía pendiente debutar en los campos de juego.

Basket Country banner horizontal

TAMBIÉN EN ELDORSAL.COM

No existen comentarios

Publicar un comentario