El Cabildo adquiere el Heliodoro

El 26 de febrero de 1970, el Cabildo de Tenerife aprobó la fórmula económica para la adquisición del estadio Heliodoro Rodríguez López. De esta forma, la entidad blanquiazul trataba de solventar su eterna crisis económica, que durante la década anterior le había llevado a vender a todas sus figuras: Santos, Ñito, Colo, Foncho, Sicilia, Martín Marrero, José Juan, Justo Gilberto, Barrios... De esta forma, no sólo se quedaba sin sus mejores jugadores, sino que también debía desprenderse de su mayor patrimonio. Desde entonces, hace ya casi medio siglo, el Tenerife vive de alquiler –un alquiler simbólico, eso sí– y ha perdido toda esperanza de recuperar el inmueble. Y también, todo hay que decirlo, todo interés en hacerlo.

No fue siempre así. Porque el escenario de juego del Tenerife, conocido como Stadium y construido en 1925 gracias a la compra de acciones por parte de familias adineradas y empresarios de la Isla, pasó a ser propiedad de la entidad blanquiazul cuando los accionistas donaron sus obligaciones al club. Sin embargo, las deudas que contrajo el Tenerife durante los años treinta le obligaron a ceder el Stadium a la Caja de Ahorros, que era el principal acreedor. A partir de ahí, recomprar la instalación fue una obsesión para todos sus dirigentes. Y en 1940, Heliodoro Rodríguez fue el encargado de recuperar para el club el estadio que después llevaría su nombre. Sin embargo, tres décadas más tarde se repitió la situación: las deudas obligaban a vender.

Y el Heliodoro fue cedido al Cabildo de Tenerife. Así, el 26 de febrero de 1970, la corporación insular, presidida por José Miguel Galván Bello, llegó a un “acuerdo completo” para adquirir la propiedad de la principal instalación de un club que entonces estaba presidido por José González Carrillo, militaba en el grupo VIII de Tercera División, había pasado a denominarse Tenerife Atlético y también había cambiado de uniforme. Antes de proceder a la cesión del Rodríguez López al Cabildo Insular, el presidente González Carrillo dio cuenta de la dramática situación del club: la deuda ascendía a 34 millones de pesetas y la entidad, tras un año y medio en Tercera División, contaba sólo con 2.700 socios.

Y aunque no era desdeñable la opción de ascender a la categoría de plata, pues el Tenerife era segundo, a un solo punto del líder Moscardó, esta mera posibilidad no bastaba para evitar una venta que se antojaba como “imprescindible para la supervivencia económica del club”. Además, las condiciones de la cesión resultaban ventajosas para la entidad, que tenía derecho preferente de uso, aunque eso fue algo que Toscal y San Andrés le discutieron a finales de los años setenta, cuando lograron ascender a Tercera División. Eso sí, el CD Tenerife ya había dado entonces el salto a una categoría superior y siempre fue el primer equipo de la Isla... algo que no puede decir Las Palmas, que este siglo ha compartido competición con Universidad o Vecindario.

Y por eso, aunque estrictamente no sea suyo, el Tenerife también ha sido el 'propietario' del Heliodoro.

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