De la bronca al ‘hat trick’

Nada le salía bien a Adolfo Bolea Sanz (Barcelona, 1934) el 18 de octubre de 1953. Y el Heliodoro, que nunca tuvo paciencia con los jugadores con más talento que capacidad de sacrificio, empezó a abroncarle con saña. Cedido por el RCD Español junto a Iriarte y Fernández, era el ‘fichaje estrella’ del Tenerife en la que iba a ser la primera temporada de los blanquiazules en las categorías nacionales. El ‘noi del Poble Sec’ acababa de cumplir 20 años, pero ya había jugado dos temporadas en Segunda División con el San Andrés de Barcelona, en las que había sido titular indiscutible y había marcado 21 goles, cifras notables para un interior.

Además, en la pretemporada había deslumbrado a todos los aficionados blanquiazules en un doble torneo triangular celebrado a doble vuelta (primero en el Insular y luego en el Heliodoro) por Tenerife, Las Palmas y Atlético Madrid. En los cuatro encuentros disputados, dos ante cada
adversario, Bolea marcó cinco goles y permitió que su equipo se adjudicara el trofeo. Pero empezó la liga 53-54 y Bolea se ‘secó’. No marcó en la derrota inaugural en Jerez, ni en el triunfo ante el Linense, cuando Muñiz alineó el mismo once que había logrado el ascenso la primavera anterior... con la entrada de Bolea como interior zurdo por Méndez, ídolo local.

Las comparaciones se hicieron inevitables. Porque Méndez, que pertenecía al Atlético Madrid, había vuelto a salir cedido, esta vez al Jaén, entonces en Primera División. No pudo regresar a la Isla porque el Tenerife había cerrado la cesión de Bolea, observado desde entonces con lupa. El talentoso interior catalán tampoco marcó ante el Málaga, ni en la doble salida africana, que incluyó las visitas al Atlético Tetuán y el España de Tánger. Además, en algunos de esos choques, como en la derrota en el Heliodoro frente al Málaga, falló ocasiones claras. En definitiva, que el ‘godo’ ya había disputado cinco partidos completos y sumaba cero goles.

A esas alturas, Antonio ‘el Loco’, el ‘pibe’ de la tierra, uno de los héroes del ascenso, ya llevaba cuatro tantos, incluyendo el tanto de la victoria (0-1) en la visita al Atlético Tetuán. Así que el 18 de octubre de 1953, antes de que empezara el Tenerife-Melilla, el Heliodoro ya estaba
predispuesto contra Bolea. Pese a ello, Carlos Muñiz volvió a confiar en el joven jugador catalán y esa tarde alineó a: Cuco; Chicho, Isal, Perla; Muñoz, Fernández; Tomás, Julito, Antonio, Bolea y Paquillo. Todo ello en un choque arbitrado por Paco Bienzobas, mítico extremo internacional de la Real Sociedad y ganador del primer trofeo ‘pichichi’ de la historia.

A Bolea no le iba bien, pero sí al Tenerife: a la media hora de juego, Antonio inauguró el marcador. Y cuatro minutos más tarde hizo el 2-0. Antes del descanso, Pepillo acortó distancias para los norteafricanos y el Heliodoro explotó contra Bolea. Nada le salía bien y los silbidos le acompañaban cada vez que intervenía en el juego. Todo cambió en la segunda mitad. A los siete minutos, regateó a dos rivales y batió a Velilla, el portero visitante, con un tiro suave y colocado. Y poco después hizo el 4-1 y cerró el partido. Y asistió a Julito para que éste marcara el 5-1. Eso sí, Bolea dejó su mejor gol para el último minuto.

Entonces, cuando ya se había ganado a la grada, le hizo un sombrero a Errazquín, dribló a Velilla en su desesperada salida y marcó a puerta vacía. Era el 6-1 y el primer ‘hat-trick’ de un jugador del Tenerife en categorías nacionales. También era la reconciliación de Bolea con el Heliodoro. Acabó el curso con doce goles y el Español lo recuperó para jugar en Primera División.

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