Manoj DaswaniManoj Daswani
Aficionados del CD Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López | @jacfotografo

Confinados

Les contaba ayer que, aunque lo intentemos, en antena cada día a las dos no nos sale ni nos nace hablar de renovaciones, fichajes, resultados deportivos ni tan siquiera de goles pasados (aunque enorgullece recordar que hace 23 años fuimos semifinalistas de la UEFA). Puestos a elegir a quién escuchar en la radio, se agradecen más los consejos de los profesionales para la cuarentena larga que nos espera.

Jorge Pastor, del gabinete psicológico del Iberostar Tenerife, nos daba este miércoles algunas recomendaciones de las que me llamaron la atención sobre todo tres. No estar 24 horas pegados a las noticias de la tele, huir de los mensajes catastrofistas (y apocalípticos) y no andar en casa en pijama. Apúntenselo, que sus pautas valen la pena.

Los aplausos de las siete (ocho en la Península) se han convertido en el momento más especial del día. Hasta nos permiten conocer al vecino de enfrente, con el que no habíamos cruzado una palabra en la vida; y de algún modo nos abstraen de la atonía y pesadumbre de este tiempo difícil. Ayer me puse el mensaje del Rey, creyendo que diría algo decente; pero enseguida confirmé que más interesantes son los testimonios de la gente.

Por ejemplo, de aquellos que estos días se asoman a la radio en nuestros programas especiales. Si no las han oído todavía, sepan ustedes que las reflexiones de Aarón Darias tienen mucha más carga que las de Su Majestad. Y con mucha diferencia, dicho sea desde el respeto a las palabras vacuas de Felipe VI.

Estos días de confinamiento me acuerdo mucho de un amigo de mis años en la Facultad. Se llama Antonio Pampliega y seguro que muchos de quienes están leyendo estas líneas lo conocen de sobra. Estuvo secuestrado por un grupo terrorista islámico un montón de días, al filo de la muerte, creyendo que jamás volvería. Y en las memorias de su forzoso arresto recuerdo haberle leído cómo se las ingeniaba para mantenerse en forma y no pensar.

Me lo contó un día que nos juntamos unos cuantos amigos en un restaurante en la plaza Mayor de Madrid para celebrar que había ganado a los malos. Lo suyo sí era duro y desgarrador; y la comparación con su experiencia nos permite concluír enseguida que esto que estamos sobrellevando (cada cual a su manera) no es ningún drama. Sí lo es para los enfermos y contagiados, que cada vez son más, y que detesto verlos como frías cifras.

No son números, lo cual me gustaría escribir en mayúsculas. Como también me gustaría remarcar que valen mucho -muchísimo- las vidas de nuestros mayores, a los que de alguna manera se desdeña cuando se escupen las noticias a todo trapo en el informativo o el telediario. Cuidémonos, cuidémosles. Que mañana será otro día y saldrá el sol, aunque apenas lo disfrutemos.

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