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Buljubasich, ante Koeman en un CD Tenerife - FC Barcelona / ACAN

Cantatore-Buljubasich: su día feliz

Vicente Cantatore Socci (Argentina, 1935) y José María Buljubasich (Argentina, 1971) tienen algunas cosas en común más allá de su origen argentino y de haber hecho la mayor parte de su carrera en Chile. Ambos tuvieron éxito en todas partes menos en el Tenerife. El primero obtuvo notables resultados como entrenador en Cobreola, Universidad Católica de Chile o Sevilla. Y en Valladolid está considerado como el mejor técnico de su historia. Sin embargo, su paso por el Heliodoro se recuerda como una etapa gris. Con el guardameta, que se mantuvo en activo hasta 2009, ocurre algo parecido: sumó elogios y títulos con Rosario Central, River Plate o Universidad Católica, formación con la que estableció un récord de 1.352 minutos de imbatibilidad. Pero en la Isla estuvo dos cursos a la sombra de Marcelo Ojeda, sólo pudo jugar ocho partidos de Liga y recibió 15 goles.

Cantatore y Buljubasich coincidieron en el Tenerife 94-95. El técnico tenía la difícil misión de hacer olvidar a Jorge Valdano, mientras el guardameta formaba parte de un 'invento' de Javier Pérez, quien apostó por fichar porteros extranjeros para revalorizarlos, nacionalizarlos y luego venderlos a precio de oro en un tiempo –antes de la ley Bosman– en el que había un cupo de extranjeros y España había dejado de producir excelentes guardametas. Mediada la competición, el conjunto blanquiazul ni se acercaba a las 'posiciones UEFA', objetivo declarado de la entidad. La vuelta de Pizzi y los fichajes de Ramis, Juanele, Vivar Dorado y su pareja de porteros argentinos no era suficiente para paliar el efecto provocado por la marcha de Valdano y Redondo al Real Madrid. Y Buljubasich siempre salía como bombero, para apagar fuegos cada vez que Ojeda era expulsado o caía lesionado.

El portero argentino había sido señalado tras las goleadas sufridas ante Betis (1-4) y Madrid (4-2) aunque tuviera poca culpa. Un ejemplo: en la cita frente a los andaluces había salido al campo con 0-2 en el marcador en lugar del delantero Víctor después de que su compatriota Ojeda viera la tarjeta roja. Y se encontró con un penalti en contra, un equipo roto y un rival crecido. Detuvo la pena máxima, pero no evitó la derrota. Una situación similar se encontró el 2 de abril de 1995. Ese domingo, con 22.500 espectadores en el Heliodoro y ante el tetracampeón de Liga, el Barcelona, Cantatore alineó a: Ojeda; Llorente, César Gómez, Ramis, Paqui; Chano, Del Solar, Conte, Felipe; Pinilla y Pizzi. A los veinte minutos, Ojeda derribó a Beguiristáin en el área. O lo que es lo mismo: penalti y expulsión. Y Buljubasich, que suplió a Conte, se encontró el 'marrón' habitual: penalti en contra, equipo roto y rival crecido.

También se encontró con Ronald Koeman, un ejecutor casi infalible. Buljubasich se tiró a su derecha, detuvo el lanzamiento y dejó claro que el Tenerife no iba a rendirse. Y cuando Amor adelantó al Barça a la hora de partido, Cantatore movió el banquillo con criterio: introdujo a Antonio Mata y Juanele por Del Solar y Pinilla. Y el Tenerife ganó el choque en los minutos finales con dos soberbios cabezazos de Ramis (70’) y Julio Llorente (86’). No triunfaron en la Isla, pero Cantatore y Buljubasic también tuvieron en Tenerife su (único) día feliz.

 

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