Aprendiendo a perder

CORAZON_DE_ESCAMAS

Veintitrés victorias, ocho empates ¡y ninguna derrota! Ese era, al empezar el mes de febrero de 1988, el balance liguero del Tenerife en sus partidos en el Heliodoro desde la llegada a la presidencia de Javier Pérez y Pérez. Por el camino, el equipo blanquiazul había logrado un ascenso de categoría… y hasta podía encadenar el segundo, éste a Primera División. De hecho, recién iniciada la segunda vuelta, aquel ‘imbatible’ conjunto –en el que se alineaban habitualmente ocho o nueve canarios– era octavo en la clasificación con 21 puntos y un positivo. Y estaba a sólo tres puntos de las plazas de promoción. Con la solidez mostrada en la Isla, ningún sueño estaba vedado. Además, los tres primeros clasificados debían pasar por el Heliodoro de forma sucesiva y la afición podía dar el empujón definitivo hacia la élite.

En Copa del Rey sí había perdido el Tenerife durante la ‘era Pérez’. Lo hizo, por ejemplo, ante el Barcelona Atlético (0-1) y la derrota le costó el puesto de entrenador a Martín Marrero sin esperar al partido de vuelta. Pero en Liga, ya se ha dicho, el Tenerife estaba imbatido después de 31 encuentros, cuando llegó el Oviedo y se impuso por un contundente 1-3. Una semana después, domingo de Carnaval, era el líder Elche el que se imponía por un concluyente 1-4 a pesar de que el técnico, Pepe Alzate, había cambiado a medio equipo: Aguirreoa, Guina, Mínguez y Julio habían dejado paso a Heres, Salvador, Tata y Chalo. Pero el resultado había sido el mismo. Y el juego, aún peor. Y como postre, una ‘mascarita’ saltó al campo y agredió al técnico al finalizar el choque.

El siguiente visitante era el Málaga, que también ganó en el Heliodoro por 1-2, pese a una nueva revolución del técnico, que había dado marcha atrás en algunos de sus cambios (volvieron Guina, Mínguez y Julio en los puestos de Salvador, Tata y Chalo), al tiempo que introducía nuevas modificaciones: Isidro por Toño y Sirvent en lugar de Pedro Martín. Consumada la tercera derrota consecutiva ese 28 de febrero de 1988, Alzate afirmó que el equipo estaba “aprendiendo a perder”. Las burlas que surgieron fueron innumerables (“pues vamos a ver si aprende de una vez”, fue lo más suave que se dijo) y aún no se sabe cómo Javier Pérez pasó por alto esa ‘perla’ dialéctica. Pero lo cierto es que, contra todo pronóstico conociendo los ‘prontos’ del presidente, el técnico andaluz siguió al frente del Tenerife.

Eso sí, el equipo que había permanecido 31 jornadas de liga sin perder durante la ‘era Pérez’ dejó de ser aspirante al ascenso y, de golpe, se vio decimoquinto a tres puntos de la zona de descenso. Y tal vez porque ya había aprendido a perder, decidió volver a ganar en el Heliodoro. Burgos y Racing de Santander fueron las víctimas. Y en ambos casos con goles de Rommel Fernández, que en la enésima modificación de Alzate entró en el once. Al final, el Tenerife logró la permanencia. Eso sí, Pepe Alzate no fue renovado. Y nunca volvió a dirigir a nivel profesional. Tal vez había aprendido a perder demasiadas veces.

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