Una semana en la mochila

Una semana en la mochila

Encuentro con el maestro de las artes marciales Masaaki Hatsumi

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Mark Twain decía: “Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”. A esa definición yo añadiría que viajar es ante todo un placer. Descubrir distintas culturas, callejear por mercadillos desconocidos, perderse en nuevos sonidos, sabores y olores son para mi experiencias vitales que hacen que cada viaje sea una pequeña aventura.

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Encuentro con el maestro de las artes marciales Masaaki Hatsumi. | Redacción

Pero si además el viaje tiene un propósito como es encontrarte con un maestro de la vida y de las artes marciales como es el Dr. Masaaki Hatsumi sin duda el viaje toma una nueva dimensión. Para un grupo de budokas ir al encuentro del soke de la Bujinkan es una experiencia que condiciona toda la naturaleza de viajar al lejano oriente. Pareciera que las horas de avión se hicieran más llevaderas y de repente y casi sin pararte a pensarlo estás en el Hombu Dojo de la Bujinkan (Noda, prefectura de Chiba, Japón) paseando nervioso mientras esperas la llegada de Hatsumi sensei. Alzas la cabeza y descubres que las más de 70 personas que esperan contigo tienen la misma inquietud. No importa cuantas veces hayas entrenado con sensei, no importa el grado ni el número de horas de viajes. No importa el parche, la chaqueta, el dolor en el cuello o lo que añores a la familia. Estas ahí esperando nervioso junto a 70 budokas hasta que de repente todo ocurre.

Se hace el silencio e instintivamente miras hacia la puerta. Ahí está el soke. Sonriendo. Todos sonreímos y después del Shikin Haramitsu Daikomyo empieza la magia. Y realmente digo magia porque sencillamente las cosas que sensei hace no son explicables con las dimensiones de los sentidos. Sensei no se mueve, sensei mueve el mundo a su alrededor. Dibuja movimientos sin forma, escribe sin gramática, compone sin pentagrama. Flota en una nube de ataques, controles y proyecciones. Y todo esto sonriendo. Como el padre que sonríe a sus hijos al ver como intentan usar por primera vez una cuchara. Al final una idea aparece en mi mente: “No se puede atrapar a un dragón”. Así que me olvido de todo y disfruto de la esencia. No aspiro a llevarme nada conmigo. Al terminar la clase camino en silencio hasta la estación de Atago. Sonrío escuchando a mis compañeros hablar de cómo han disfrutado del entrenamiento, especialmente los que viajan por primera vez a Japón. Y pienso para mi: “¡Qué suerte! Aún nos quedan 2 entrenamientos más con sensei”.

El siguiente entrenamiento fue con Noguchi Sensei. Noguchi es uno de los tres shihanes principales de la Bujinkan, un verdadero caballero, un guerrero, un maestro, y sobre todo un excelente ser humano. Tuvimos la suerte de entrenar con Noguchi sensei en 2 ocasiones durante este viaje y se trata sin duda de una experiencia abrumadora. Pues a Noguchi le gusta enseñarte el trazo oculto detrás de cada técnica. En cada clase empezaba con una técnica básica. Te explicaba los principios del movimiento, cómo y donde golpear, cómo posicionar tu cuerpo para cada técnica o cómo aplicar la palanca necesaria para poder realizar un control determinado. Y una vez entendías la base de la técnica la hacia desaparecer de un plumazo. De repente lo que estaba arriba lo ponía abajo. Lo de la derecha a la izquierda. Bailaba como una menina o imitaba a un pingüino ante la mirada de todos los presentes que al unísono nos preguntábamos: “¿Cómo lo hace?”. Noguchi sensei es capaz de aparecer y desaparecer al mismo tiempo. Te enseña la norma y la rompe delante de tus ojos al siguiente instante. Flota por el dojo sonriendo y sembrando en cada corazón la semilla de la alegría que transmite en cada una de sus clases.

Una semana en la mochila. Así se titula este artículo. Una semana de entrenamientos, de escapadas a paisajes de ensueño, de risas y de algún que otro llanto, porqué no decirlo. ¿Qué me he traído en la mochila de Japón? Todo y nada. Me he traído conocimientos, sensaciones, viajes en tren, insomnio, sabores, brindis con sake, horas de entrenamiento y algún que otro moretón. Pero me he traído sobre todo momentos. Dos muy importantes. Uno a bajo la cascada de Nikko que no toca relatar ahora y otro en el Hombu Dojo cuando a nuestro compañero Ángel González le fue otorgada la medalla de oro de la Bujinkan por su trabajo y dedicación durante los más de 25 años que lleva entrenando. Es sin duda una distinción para el pero también para todos los que tenemos el honor de conocer y entrenar con Ángel. Un ejemplo a seguir siempre dentro y fuera del dojo.

Después del viaje de regreso y unas horas de descanso no puedo sino parafrasear a Lin Yutang cuando afirmaba: “Nadie se da cuenta de lo hermoso que es viajar hasta que vuelve a casa y descansa sobre su almohada vieja y conocida”. Ha sido un gran viaje, antesala del próximo viaje a Japón que ya todos estábamos planeando y saboreando antes incluso de abandonar el país del sol naciente.

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