Tribuna Alta: ‘Tenerife brinda por el Canarias’, por Manoj Daswani

Tribuna Alta: ‘Tenerife brinda por el Canarias’, por Manoj Daswani

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63-59 son mucho más que los dígitos de un partido de baloncesto y el triunfo del Canarias es mucho más que una victoria en la pista. Solo así se entiende que el orgullo por una conquista histórica como la del domingo signifique infinitamente más que una copa dorada, siete kilos de plata, una medalla europea y un sitio en la galería de honores de la FIBA. Ahí queda eso. Pero el triunfo en la Basketball Champions League es más, mucho más.

Celebración champions
El Iberostar Tenerife celebra por todo lo alto la consecución del título. | @jacfotografo

En el día después de la gesta aurinegra nos embriaga la satisfacción. No es que solo que el equipo de Tenerife haya sido mejor que el resto. Que hayan caído los históricos (la Cibona, el Asvel Lyon Villeurbanne, el Avellino…) y el resto de participantes en la ‘final four’. La victoria nos complace y nos llena el doble porque también es una enseñanza colectiva. Es, en realidad, el triunfo de un estilo. Porque el Canarias es un club, sí, pero también una escuela. De valores.

Félix nos enseñó desde el primer día que había otra manera de hacer las cosas. Es el suyo el triunfo de la coherencia. La demostración de que el dinero nunca es lo más importante. Lo aprendimos en sus lágrimas el día que el Canarias renunciaba con pena y desgracia a la ACB. Y lo celebramos cuando –a través de un acto de justicia- se ganó en la élite el sitio que le correspondía.

La de Aniano es la victoria de la perseverancia. Lejos de los focos, haciendo valer la imaginación por encima de los números. A cada problema, una solución. A cada mala noticia, una mejor que la cubre y la disipa.

El del Canarias es el triunfo de Alejandro –sin él, nada habría sido posible- y también el de cada uno de los jugadores que nos hicieron creer en el sueño de la ACB (las siglas que siempre anhelamos) cuando el equipo no estaba ni en la LEB Oro. El de la peña San Benito, el de los Pollos Amarillos, el del maestro Pepe Cabrera y Rizo, el de los aficionados más veteranos del Ríos Tejera, el de los que subieron al proyecto después (cuando el Canarias se hizo de toda la Isla) y el de los que lo siguieron con fruición a través de la radio en Melilla o La Palma cuando no había televisión y el relato con palabras se convertía en la única forma para empujar en la distancia.

Era entonces un Canarias modesto. Y lo sigue siendo. Era el de aquellos años un Canarias coherente. Y lo sigue siendo. Era un Canarias familiar. Y lo sigue siendo. No han cambiado los valores; más bien al contrario, permanecen y se consolidan a cada decisión, a cada declaración, a cada testimonio. Igual que el talante, inalterable. El mismo Félix antes que ahora. Los mismos Santiago Cacho, Guillermo, Aniano, Marcos, Airam, Belén, Nacho, Marco Justo, Fede… Hoy la alegría es por una victoria, por cuatro puntos de renta, por una copa al viento, por el puño al viento de Txus, la exhibición de Niang, la estampa de Nico abrazado al trofeo, el optimismo de Rodrigo, el ímpetu de Doornekamp o el reconocimiento (MVP) al olímpico Marius. Pero en realidad esta felicidad que nos inunda es mucho más que eso. Es el triunfo de un manual de estilo. Es decir orgullosos que esta gente nos representa. Que compartimos su estilo. Que todos deberíamos ser un poquito como ellos.

Si el baloncesto brinda por el juego del Canarias, la isla brinda por su forma de ser. Enhorabuena.

Y además...

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