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TRIBUNA ALTA | ‘Harto de estar harto’, por Manoj Daswani

Manoj Daswani, periodista, Cadena SER

Avisé el miércoles del peligro de la autocomplacencia mientras el periodismo más indulgente felicitaba al Tenerife por su actitud, intensidad, entrega y ganas -valores que a los equipos de fútbol se les presuponen- después de haberse dejado en Valladolid el sueño de la Copa y haber visto frustrado su quinto intento consecutivo de victoria.

Ahora, otra vez, advierto del mismo peligro. Porque sí, es un peligro -y además de considerables dimensiones- que dentro y fuera del Tenerife desaparezca la ambición y se instaure el discurso del “aquí está todo bien, no pasa nada”. Incluso cuando los hechos son irrefutables y la realidad, tozuda: el equipo lleva seis partidos sin vencer, emite señales preocupantes y sus números son ruinosos.

No, no está todo bien. Más bien al contrario, el Tenerife es ahora mismo un equipo sin rumbo y que probablemente tenga que replantearse sus objetivos si persiste en este juego decadente y esta trayectoria a la deriva. Llegados a este punto, la distancia es mínima con los puestos de emergencia y la cercanía con la zonan baja ya quema. La situación es preocupante.

Del partido con el Cádiz no me molesta tanto el feo desenlace -al equipo le entraron los tembliques y regaló dos puntos- sino, sobre todo, la deficiente puesta en escena. Ahora es probable que muchos apunten al banquillo y se fijen solo y exclusivamente en los errores de Martí. Le han faltado reflejos en la toma de decisiones y el diagnóstico que hace de la situación dista mucho de lo que vemos en el campo. Pero la historia demuestra que poner la lupa sobre el entrenador es caer en la misma trampa de todos los años. El problema son quienes están por encima de él, incapaces de edificar un Tenerife ilusionante y un proyecto que valga la pena.

Este año hipotecaron la temporada por tres millones y el error –dejar al equipo desnudo de su mejor solución ofensiva- ha tenido consecuencias irremediables. No sé ustedes pero yo estoy harto de estar harto. Y no puede ser que otra vez ellos (Concepción y Serrano) sean quienes elijan la solución al problema que ellos mismos han generado. Si optan por prescindir de Martí no habrán resuelto el verdadero mal del Tenerife: la mediocridad en la que ellos le han instalado. En todo caso están protegidos. Actúan bajo el amparo de su corte de palmeros. Los que incluso si el barco se hunde no cambiarán su discurso: “Aquí está todo bien, no pasa nada”.

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