Tribuna Alta: ‘A pesar de todo, gracias’, por Manoj Daswani

Tribuna Alta: ‘A pesar de todo, gracias’, por Manoj Daswani

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Sin temor a la meta final -como dice el himno- pero con un dolor terrible. El Tenerife arribó ayer al final de una singladura intensa con el primer objetivo (y el más difícil) ya cumplido: ilusionar. Pero se resistió el premio y este final duele un infinito.

getafe tenerife
Sector de la afición del CD Tenerife en Getafe. | Sergio Pérez

Nadie podía presagiar que este equipo iba a ser capaz de revertir su desilusionante situación inicial, más cerca del suelo que del cielo; y que iba a hacerlo con tanta determinación como para echarse a una isla entera a sus espaldas.

Ayer las mochilas blanquiazules llegaron a Getafe, última estación, con el entusiasmo en las alforjas. El que llenó aviones y derrumbó la arrogancia de Ángel Torres, que no sabía lo que decía. Ni las tarifas abusivas para este partido final (entre 40 y 80 euros, precios baratos según el presidente local) privaron a 1.500 afortunados de sentirse testigos de un día grande. Y la misma sensación tuvieron el millón de blanquiazules que siguieron el envite en la distancia. Polémicas aparte, lo que nos ha llenado de ilusión es este equipo de José Luis Martí. Y en esta senda habrá que seguir. El futuro es suyo y el ascenso no se cancela; se aplaza.

Comprometido, cabal, honrado en el esfuerzo y extraordinario en la actitud. Nos gusta un Tenerife así. Solvente en el campo y cercano fuera de él. La aparición en escena de un entrenador capacitado e implicado a partes iguales casi hizo posible el milagro. Lo mismo que los cambios en la estructura de altos cargos, donde la aparición de Pérez Borrego significó aire fresco. Y mucho más: buenas formas, educación, proximidad al aficionado y un muy necesario aura de modernidad.

Antes de que ayer empezara el partido por el ascenso, el Tenerife ya había ganado. Se había ganado el respeto y la admiración de todos. Había recuperado su identidad y había recobrado lo que en el fútbol es lo más importante: la ilusión de los suyos. Todo lo demás dependía de un partido, de 90 minutos, de un árbitro temido y de un formato de competición cruel (cuatro partidos en nueve días) para decidir ascenso o desilusión. Al Tenerife y a sus héroes, gracias. Nos han hecho soñar. El paraíso habrá de esperar, pero con estos jugadores vivir el trayecto ha valido la pena.

Y además...

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