Juan Carlos, Tayron y Casadesús: un ápice del fútbol del CD Tenerife

Juan Carlos, Tayron y Casadesús: un ápice del fútbol del CD Tenerife

Un análisis detallado de tres de las piezas fundamentales del ataque blanquiazul

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Alejandro Luis Rolo | Santa Cruz de Tenerife

Llegó el invierno y Jose Luis Martí obró de buena fe. Con tanto runrún y frío no había tiempo que perder. Había que innovar, que convencer, que ganar.

Y se cambió, pero no el cómo y sí el quién. Dani Hdez. y Vitolo, que parecían intocables, pasaron del verde al azul que pintan los asientos del banquillo. Y el resultado fue el que fue; se innovó, se convenció y se ganó. No obstante, el quid de la cuestión no fueron las ausencias, sino las presencias.

CASADESÚS Y LA CONTINUACIÓN DEL JUEGO

Del jugador que hace del delantero un falso ‘9’. La pieza que orienta con intelecto el último pase. La aguja imantada que da vueltas libremente. El viejo, el rockero ese que nunca muere. El ’18′ blanquiazul, un tal Victor Casadesús, es esa brújula gastada que, aún quedándole la mitad de sus viajes, sustituye la frescura de antaño con elegancia. De sus botas yacen numerosas malas ideas que bien cambian el devenir del partido o bien pueden acabar en un número más de su extensa estadística.

UN ‘RENOVADO’ TAYRON DEL PINO

Del veneno en el que habita la vacuna cuya valencia es quíntupla. De quien prefiere dar una curva a correr una autopista. De la máxima extensión de la palabra “verticalidad”. Del malabarista que circula a sus anchas esquivando entradas frecuentemente. De Tayron Del Pino y la terapia del mañana y del ayer: la de desarmar defensas, pero al mismo tiempo proteger su costado, presionar y defender.  Clave en la reestructuración defensiva, así como en la producción ofensiva, el jugador gran canario ha vuelto a ser el que era antes, el que vivía más cerca del genio que del imprudente.

UN PRIMOROSO JUAN CARLOS REAL

De la escuadra y el cartabón. Del guante y la precisión. Del rigor de dibujar parábolas y batir líneas. De quien crea paredes superando los obstáculos de la defensa. De la zancada que quita la sed y mata el hambre. Del trozo de pan que hace que las tripas no canten, no hablen, no suenen. De la diagonal que desnuda la trinchera rival. Del sustento que alimenta la esencia del pase al hueco. Del jugador que crea una jugada de la nada. Del Juan Carlos más real, soberano e imperial.

El CD Tenerife de Jose Luis Martí navegaba sobre un mar de dudas en un otoño caduco de juego y resultados; residía en un entorno oscuro, pesimista y nocivo a partes iguales; y paseaba moribundo pediendo asilo, auxilio y consuelo. Era un quiero y no puedo en un continuo toma y daca; desconociendo, desde el principio, que cargaba en sus pertenencias con tres presencias que resultarían ser el remedio a tanto mal: pues guardaba, en las botas de Victor, Tayron y Juan Carlos, una brújula deteriorada, una vacuna pentavalente y un pedazo de pan caliente. En otras palabras, un ápice de fútbol entre la escasez de juego que existía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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